Desayuno de trabajo 30-10-2019

“Regular el mercado cambiario no es un lecho de rosas pero constituye una condición indispensable para volver a poner las prioridades en orden: los dólares los necesitamos para poder producir y para pagar deudas. Al mismo tiempo, es naif pensar el bimonetarismo de la economía argentina puede resolverse a través de un conjunto de comunicaciones del BCRA. Tenemos que desplegar una estrategia integral, una política de estado, que nos permita empezar a construir un sendero de desdolarización paulatina de la economía”.

30 de octubre, 2019

Expositores: Pablo Nemiña y Mercedes Marcó del Pont.

 

El penúltimo desayuno del año en FIDE se realizó apenas tres días después del contundente éxito del Frente de Todos en la primera vuelta de las elecciones nacionales. Una vez conocidos los resultados, ya cerca de la medianoche, las autoridades del BCRA anunciaron un endurecimiento considerable de la regulación del mercado de cambios. Algo que debería haberse hecho hace tiempo. De alguna forma, el mercado de cambios ha sido el “territorio” de la batalla electoral. Allí se evidenciaron todas las tensiones.

A partir del 10 de diciembre las prioridades del nuevo gobierno serán muchas. Desde la atención de aquellos que se han quedado sin los ingresos necesarios para comer hasta la negociación en torno al inmenso endeudamiento contraído por el gobierno de la Alianza Cambiemos en su corta gestión. En este contexto, FIDE invitó al Dr. Pablo Nemiña, investigador del CONICET y profesor del Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Nemiña se ha especializado en el estudio de los organismos internacionales multilaterales, en particular del Fondo Monetario Internacional (FMI). Sin dudas, este será uno de los principales asuntos que el gobierno de Alberto Fernández deberá atender en el inicio de su gestión.  

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En la primera parte del desayuno, como es rutina, Mercedes Marcó del Pont realizó un repaso de la coyuntura económica. En la segunda parte del encuentro Pablo Nemiña expuso sobre las características del “nuevo” FMI, describió la relación entre el organismo y la región y planteó escenarios posibles en la agenda de vinculación con la Argentina. Una buena hoja de ruta para empezar a pensar esa instancia de diálogo y negociación imprescindible para el futuro de nuestro país.

“En este desayuno traje una sola filmina”, inició Mercedes Marcó del Pont, Presidenta de FIDE, “¿cuánto más podemos agregar a lo que ya hemos dicho respecto a los crueles resultados de esta nueva experiencia neoliberal?” agregó. “Quizás la buena noticia es que ha quedado claro que en una economía bi monetaria como la Argentina la única manera de tener una política monetaria autónoma y vinculada con los objetivos de crecimiento y generación de empleo es regulando la cuenta capital y el mercado cambiario”.  

“Dicho de otro modo, la única vía posible para reducir las estratosféricas tasas de interés que hoy tiene la Argentina es a través de regulaciones cambiarias que disminuyan al mínimo posible la transferencia de los pesos al mercado de los dólares”, dijo Marcó del Pont.

“Por supuesto, estas regulaciones están lejos de ser un lecho de rosas. Por este motivo es importante evitar ‘escupir al cielo’ y mofarnos de las dificultades que se presentan cuando se introducen regulaciones”, aseguró Marcó del Pont. “Por caso, el aumento de la brecha con la cotización ilegal y la operatoria espuria con bonos. Se trata de costos menores comparados con el impacto que un desmadre cambiario puede generar sobre la estabilidad general de la economía y el bienestar de su población”, acotó.

“La alternativa, según se viene discutiendo en la prensa, hubiese sido un desdoblamiento del mercado cambiario con una paridad comercial y otra financiera”, agregó Marcó del Pont. “No se trata de una idea novedosa. La Argentina ha tenido esquemas de este tipo en varias oportunidades. Algunas tuvieron mejores resultados que otras. Sin embargo, en mi opinión, un desdoblamiento del mercado en las condiciones actuales no agregaría ningún beneficio y, por el contrario, volvería a instalar la necesidad de gastar reservas en el mercado financiero”, dijo Marcó del Pont. “A esa realidad —porque no es cierto que uno pueda dejar correr libremente ese mercado— se suma la expectativa de una convergencia a la paridad más alta y, también, aparecen las presiones y los lobbies para pagar utilizando la paridad comercial y cobrar con la financiera”, agregó Marcó del Pont.

“Como ya he dicho en otras oportunidades, es naif pensar que la cuestión del bimonetarismo de la economía argentina (un proceso que viene en un in crescendo en las últimas seis o siete décadas) puede resolverse a través de un conjunto de comunicaciones del BCRA. Tenemos que desplegar una estrategia integral, una política de estado, que nos permita empezar a construir un sendero de desdolarización paulatina de la economía”, concluyó Marcó del Pont.  

En la segunda parte del desayuno intervino el Dr. Pablo Nemiña. Su presentación estuvo basada en un repaso de la evolución reciente del FMI y en la presentación de un par de escenarios en la vinculación con la Argentina.

“Luego de las fuertes asistencias de los 80 y los 90, el FMI ingresó en un periodo donde su rol fue disminuyendo. Sus intervenciones pasaron a ser en países muy pequeños y fundamentalmente a través de asistencias técnicas”, comenzó Nemiña. “Luego del impacto generado por la crisis argentina a inicios de este siglo, el FMI encaró un proceso de adaptación de sus reglas que tendió a disminuir la injerencia y el espectro de la condicionalidad asociada a sus programas de asistencia”, agregó Nemiña. “Sin embargo, en los últimos años se ha visto un nuevo incremento en el peso y el abanico de las condicionalidades exigidas por el organismo, fundamentalmente a través de las acciones previas requeridas en los programas. Esta mayor injerencia se nota en temas que están por fuera del expertise estricto del FMI como por ejemplo los sistemas de seguridad social y las políticas de transparencia o de lucha contra la corrupción”, explicó Nemiña.

“Los principales cambios en la matriz del FMI se refieren al grado de participación de los países que solicitan asistencia en el diseño de los programas (ownership) y en la idea según la cual los procesos de ajuste deben venir de la mano de una red de seguridad social (social safety nets) que permita morigera su impacto en la población más vulnerable”, agregó Nemiña. “La crisis del 2008 trajo aparejado un incremento del poder de fuego del FMI a través de un aumento de las cuotas. Esta modificación también supuso un aumento en la participación de los países en desarrollo (fundamentalmente China) y, por primera vez, también supuso aportes monetarios por parte de 4 países de la región (Brasil, Chile, México y Perú) a líneas de asistencia específicas del FMI. Esta serie de transformaciones deben ser tenidas en cuenta en las negociaciones a futuro. Son datos de la realidad que podrían ser utilizados”, completó Nemiña.

“Dicho de otro modo, la Argentina está en condiciones de disputar la interpretación de algunas cuestiones vistos los resultados negativos del programa firmado en junio de 2018” agregó Nemiña. “En particular, algunos temas como los controles de capitales, la política cambiaria, el rol del endeudamiento, el vínculo entre austeridad y crecimiento y la relación causal entre emisión e inflación, son buenos ejemplos donde nuestro país podría dar batalla”, explica Nemiña. “En el mismo sentido, y como bien dice un paper de Stiglizt y Guzmán, uno podría intentar argumentar que la población también constituye una parte afectada por el programa y, como tal, tiene derecho a poner algunos elementos en la mesa de discusión”, agrega Nemiña.

“En el corto plazo el nuevo gobierno también deberá demostrar que cumple con las condiciones establecidas en la reglamentación del FMI para países que entran en cesación de pagos o que tienen dificultades para asumir esos pagos en el cronograma establecido. Estas condiciones suponen iniciar un diálogo con los acreedores, generar información confiable y estar dispuesto a un feedback con los acreedores”, dijo Nemiña.

“En términos generales me parece que los escenarios que se pueden plantear son más bien de extremos. A modo de ejercicio, por supuesto, uno podría pensar en una escena más cooperativa o en una situación más complicada, de mayor grado de confrontación. En todos los casos la idea central debe seguir siendo que para poder pagar hay que crecer y que el crecimiento se funda en determinadas condiciones. El crecimiento, a su vez, debe garantizar mayores niveles de inclusión como es evidente en el marco que hoy se observa en la región”, concluyó Pablo Nemiña.  

Desayuno de trabajo 25-09-2019

“El Gobierno no fue gradualista, como dicen los economistas del mercado. La liberalización financiera y cambiaria fue brutal. El daño ya está hecho. Quizás el elemento positivo para rescatar es que hoy queda claro que la regulación del mercado cambiario es una condición indispensable para poder estabilizar, crecer y desarrollar la economía argentina”.
 
25 de septiembre, 2019
Expositores: Ariel Wilkis y Mercedes Marcó del Pont.


 
El panorama económico y político de la Argentina se modificó drásticamente luego del resultado de las PASO. No en el sentido en el que pretende instalar la discusión el Gobierno, donde la crisis es el producto del triunfo de la oposición, sino como resultado de la acumulación de desbalances muy importantes que han dejado a la economía en un estado crítico. El mercado de cambios ha sido el “territorio” de la batalla. Allí se concentran todas las tensiones. En este contexto, FIDE invitó al investigador y Decano del Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), Dr. Ariel Wilkis. Wilkis y Mariana Luzzi publicaron hace apenas algunas semanas un libro con un título sugerente: “El dólar: historia de una moneda argentina (1930-2019)”.


En la primera parte del desayuno, como es rutina, Mercedes Marcó del Pont realizó un repaso de la coyuntura económica. En la segunda mitad del encuentro Ariel Wilkis nos ayudó a entender el largo proceso histórico y social que explican el bimonetarismo de la economía argentina. Algunas claves de su análisis pueden ser el punto de partida de una política “de Estado” que permita superar esta encerrona.


“Finalmente hemos vuelto a la regulación del mercado cambiario. Lo lamentable es que esto ha sido el producto de una crisis terminal. El daño, innecesario e inmenso, ya fue infringido sobre la economía y la sociedad argentinas. Las consecuencias sobre la distribución del ingreso han sido brutales”, dijo la Presidenta de FIDE.


“La buena noticia —en esta coyuntura tan difícil— quizás sea que el tema del bimonetarismo y la necesidad imperiosa de regular el mercado cambiario se han instalado. Esto supone una recuperación para los bajísimos niveles de gobernabilidad que nos deja el gobierno de Macri”, agregó Marcó del Pont.


“La gobernabilidad del mercado cambiario es determinante para el control de la inflación”, aseguró Marcó del Pont. “El tipo de cambio ha sido el factor determinante de la aceleración inflacionaria en la Argentina. El impacto sobre la canasta básica de alimentos ha sido tan brutal que hoy tenemos problemas de acceso a los alimentos en una porción de la población”, acotó.


“La regulación del mercado cambiario que a regañadientes ha establecido el Gobierno viene después de un récord de fuga que, en los primeros ocho meses del año, ya supera los 20.000 millones de dólares. El mes de agosto es un récord en toda la serie histórica disponible”, dijo Marcó del Pont. “La regulación era indispensable y está dando resultados. Aun cuando los límites establecidos por el atesoramiento de las personas físicas sean francamente muy elevados”, agregó Marcó del Pont. “La mejor prueba de que los controles no son suficientes es que la tasa de interés no se ha podido reducir. La tasa de interés en los niveles que hoy vemos es absolutamente incompatible con el funcionamiento de la economía real. Al mismo tiempo, representa un costo fiscal enorme para el gobierno”, dijo Marcó del Pont.


“Aun con el riesgo que hoy representa la liquidez que está en plazos fijos  –y que podría irse al dólar—, es importante tener en cuenta que hoy el sistema financiero está sólido. Estabilizar el mercado cambiario también permite pensar en otra tasa de interés, estabilizar los depósitos y volver a la normal intermediación, donde el ahorro es el financiamiento para la inversión”, concluyó Marcó del Pont.
 
En la segunda parte del Desayuno intervino el Dr. Ariel Wilkis. Su presentación estuvo basada en los principales resultados de una investigación —realizada en coautoría con Mariana Luzzi— sobre el rol del dólar en la sociedad argentina y las claves sociológicas e históricas para su comprensión.


“El objetivo de nuestra investigación fue agregar una visión del fenómeno de la dolarización argentina desde una perspectiva sociológica”, comenzó Wilkis. “Provocativamente, nuestro libro se pregunta cómo fue que una moneda extranjera se convirtió en una moneda popular”, agregó.


“El dólar se popularizó a lo largo de un período muy largo de la historia argentina. El dólar es popular porque tiene una penetración muy profunda en la cultura cotidiana y política y, también, porque constituye el repertorio financiero de una parte creciente de la población, no solo de las elites”, explicó Wilkis. “El primer control de cambios se establece en 1931. Producto de la crisis internacional del ’30, muchos países desarrollaron políticas que les permitieran atemperar el efecto de la crisis mundial. Sin embargo, en aquel momento el dólar no era parte de la vida cotidiana de las y los argentinos. Solo las elites económicas vinculadas con el comercio exterior tenían acceso a esta moneda”, completó Wilkis.
“El hombre común, el hombre de a pie, empieza prestarle atención al mercado cambiario cuando el dólar empieza a tener un impacto mayor en la vida cotidiana. En aquel momento –en los ‘60—aparecen las figuras del especulador hormiga y el del curioso, que sin tener ni haber visto un dólar, se acerca a las pizarras de la city” agregó Wilkis. “Es justamente en ese momento que el dólar desborda el mercado cambiario y su cotización pasa a estar asociada con cuestiones de la vida cotidiana: el precio del lomo, un paquete turístico, una publicidad de electrodomésticos que ofrece vender sus productos a la paridad anterior. Aunque muy poca gente participaba en los años sesenta en el mercado cambiario, la cotización del dólar aparece como un barómetro”, explicó Wilkis.


“En los ‘70 las crisis bancarias hacen surgir nuevos actores en el mercado de cambios. Y al mismo tiempo se generaliza el uso del dólar en otros mercados como el inmobiliario, el del arte, los autos y, particularmente, en el mundo del fútbol”, agregó Wilkis.


“La hiperinflación del ‘89 y la llegada de la Convertibilidad constituyen otro punto de inflexión en esta curva de popularización del dólar. En los ‘90 se legaliza la utilización de la moneda extranjera. Más adelante, justamente en el quiebre de la Convertibilidad, la pérdida de los depósitos da lugar al “derecho” a tener dólares, a recuperar esos dólares que habían quedado en el sistema financiero. El derecho a participar en el mercado cambiario es justamente el centro de la propuesta electoral de Cambiemos. Y fue una propuesta con alto nivel de eficacia política”, dijo Wilkis.


“En términos generales me parece que es importante entender un par de cuestiones: en primer lugar, la centralidad del dólar no es una tragedia; se trata más bien de un proceso histórico-sociológico de largo plazo, no es parte de nuestro ADN, no fue siempre así y puede cambiar. En segundo lugar, para cambiar esta realidad vamos a tener que ofrecer una narrativa que sustituya ésta y que sea de largo plazo. Por último, el dólar desborda su mercado específico y por eso las soluciones no pueden provenir, únicamente, de la política cambiaria y monetaria a cargo del BCRA. Hay que desarrollar algo así como una política de Estado que nos permita articular distintas herramientas para superar esta situación”, explicó Wilkis.


“No se trata de un destino inexorable. El dólar es un instrumento que la sociedad usa para defenderse del Estado. Tenemos dólares para estar más allá de los quebrantos del Estado y del sistema financiero. Por eso la solución tiene que venir de la mano de un Estado que proteja, de la suma de un conjunto de políticas públicas que nos permitan superar estos quebrantos”, concluyó Ariel Wilkis.

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