Desayuno de trabajo 29-11-2017

Perspectivas de la Economía Argentina

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  • Sin mucha resistencia de la dirigencia política y de gran parte de la sindical, el Gobierno ha logrado reinstalar la agenda neoliberal típica y su consecuente interpretación acerca de “los problemas que aquejan a la economía argentina”. Desde esa visión, los bajos niveles de inversión y crecimiento se explican por el elevado costo laboral argentino, directo (salario), indirecto (contribuciones patronales) y también por el peso del sistema de seguridad social en el gasto público: si se reduce el costo laboral y aumenta la rentabilidad empresaria, aumentarán la inversión y el crecimiento. La evidencia empírica, local e internacional, contradice ese argumento. Durante las últimas décadas las grandes empresas globales han experimentado un fuerte incremento en sus ganancias y, sin embargo, la tasa de inversión, lejos de mejorar, cayó.
  • Esa correlación tampoco se verificó en la Argentina. Ni en los '90, ni durante la etapa de la post convertibilidad. Hasta la crisis internacional de 2008 mejoró mucho la participación del trabajo en la distribución del ingreso (cayó la del capital), y sin embargo también creció la inversión. Las reformas (tributaria, laboral y previsional) que propone el Gobierno están orientadas a generar una transferencia de recursos desde el trabajo al capital. Ese excedente previsiblemente se orientará hacia la acumulación financiera, fenómeno que ha vuelto a hegemonizar el funcionamiento de la economía argentina.
  • Todos los análisis realizados sobre las reformas laborales de los '90 coinciden en señalar que no contribuyeron a crear empleo y tampoco a formalizarlo. El abaratamiento de la indemnización que propone el Gobierno conduce a una degradación de los derechos del trabajador y no garantiza un aumento en la demanda de empleo. Es elocuente el comportamiento verificado durante el período 2002-2006, donde regía la doble indemnización y, sin embargo, fue una etapa de fuerte crecimiento del empleo privado registrado.
  • La transferencia de ingresos que suponen las reformas beneficia particularmente a las grandes empresas, que son aquéllas con más de doscientos empleados y que sólo representan el 1% de las empresas del país. Y discrimina en contra de las PyME.
  • Estas grandes empresas —las que tienen más de 200 empleados— dejarán de pagar contribuciones patronales por un monto equivalente al 45% del total.
  • La tasa efectiva que pagarán las empresas en concepto de aportes patronales se reducirá del 21% al 13,2%, en el año 2022, en el caso de las grandes empresas de servicios que constituyen el sector más beneficiado. Para el resto de las empresas, la reducción va del 17% al 11,1%. Esta contracción en los aportes se explica por el doble impacto del mínimo salarial no imponible y la equiparación de alícuotas. La consecuencia más nociva de esta reducción en los aportes patronales está relacionada con el desfinanciamiento del sistema de seguridad social: se trata del mascarón de proa para su re-privatización.
  • La reinserción de la economía argentina en el mundo representa en realidad un regreso a la primacía de lo financiero por sobre lo real. La secuencia valorización financiera-endeudamiento y fuga desestimula la acumulación productiva, aumenta la vulnerabilidad externa y redistribuye recursos fiscales desde los bolsillos de los sectores del trabajo (activos y pasivos, formales e informales). Muy rápidamente la política de endeudamiento ya ha transformado la composición del gasto público. En el año 2015 el pago de intereses representaba el 7,8% del gasto, mientras que en 2018 alcanzará el 13%.
  • De acuerdo con datos publicados por la CEPAL, durante el 2017 el comercio internacional de la región recuperó dinamismo. La Argentina constituye una excepción. Por el lado de las exportaciones, mientras en la región se expandieron un 10%, en nuestro país el incremento fue apenas del 1,8%. Por el contrario, en el caso de las importaciones la región experimentó un incremento del 6,1%, mientras que en la Argentina aumentaron un 18,9%.
  • El proceso de apertura de la economía, que ha sido intenso en términos de las importaciones, no ha tenido buenos resultados en términos de la inversión extranjera directa. En los últimos dos años, los flujos de IED hacia la Argentina son prácticamente equivalentes a los pagos por utilidades y dividendos.
  • La otra variable que ha reaccionado muy favorablemente al convite del gobierno es la inversión de portafolio. Se trata de ingresos de corto plazo, de índole especulativa. Carry trade puro y duro. Mientras tanto, las inversiones de la economía real (IED) continúan planchadas.
  • Las autoridades del BCRA han dicho que los dólares sobran. Los datos de la cuenta capital cambiaria otorgan un diagnóstico muy diferente: el superávit se explica por la venta de los “dólares del colchón” de los argentinos (que en los primeros diez meses del año compraron dólares por US$ 38.262 millones y vendieron por US$ 20.782), por el endeudamiento y por los ingresos de corto plazo especulativos. Esta dinámica no es sostenible y la fragilidad del sector externo argentino se viene incrementando a una velocidad preocupante, producto del deterioro de la cuenta corriente y la composición de la cuenta capital.

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