INFORME ECONÓMICO MENSUAL

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Informe del mes de agosto de 2018

(Tiempo estimado: 2 - 4 minutos)

Sumario

El informe presentado en julio por el staff del FMI contiene una sección dedicada a analizar los riesgos que pueden condicionar el cumplimiento del escenario base sobre el que se sostiene el programa acordado con el gobierno argentino. Entre los riesgos que se plantean, el texto advierte que: “En el caso de que los mercados vean al programa del FMI como una oportunidad para abandonar los activos argentinos, inevitablemente habrá una significativa devaluación real, mucho más elevadas tasas de interés reales y menor crecimiento. Tal escenario incrementaría el riesgo de sustentabilidad de la deuda”. Desde nuestro punto de vista, esta descripción resulta claramente más verosímil para proyectar el devenir de la economía argentina que la que se desprende del mencionado escenario base.

La principal fuente de inestabilidad macroeconómica —el desequilibrio externo— no muestra señales consistentes de mejora. La relativa tranquilidad cambiaria que se vive desde hace unas semanas es el resultado de la vigencia de un marco de menor volatilidad internacional, elevados rendimientos financieros y ventas diarias de dólares por parte del BCRA, que en conjunto contribuyeron a aquietar las presiones devaluatorias. En paralelo, las reservas internacionales se consumieron en 26 días hábiles la tercera parte del primer desembolso de 15.000 millones de dólares realizado por el FMI.

La fuga de capitales continúa siendo el principal factor explicativo de la sangría de reservas internacionales. Durante el primer semestre del año, la dolarización de ahorros por parte de los argentinos ascendió a prácticamente 30.000 millones de dólares (en términos brutos). De acuerdo a la lógica que guía el programa del FMI, la devaluación y la caída en los niveles de actividad deberían colaborar con una reducción del déficit en cuenta corriente. De hecho, en el mes de junio los datos oficiales ya reflejaron una disminución, tanto del déficit comercial (por contracción de importaciones) como del desequilibrio externo en turismo. El problema es que el efecto combinado de la fuga y los crecientes servicios de la deuda en moneda extranjera supera, con creces, los menores requerimientos de dólares para importaciones o turismo. Las exportaciones, por su parte, exhiben una desaceleración en su ritmo de crecimiento.

La continuidad de la pérdida de reservas internacionales complica seriamente la capacidad de maniobra de la conducción económica. De hecho, entre los compromisos asumidos en el acuerdo figura el aumento creciente en las reservas internacionales netas, lo que representa un límite a las intervenciones del BCRA en el mercado de cambios. ¿Cuál será la “recomendación” del FMI frente al drenaje de divisas que implica la dolarización de ahorros? ¿Que el BCRA imponga circunstancialmente alguna regulación sobre la demanda de dólares del sector privado o que deje flotar el tipo de cambio para forzar un mayor ajuste sobre la cuenta corriente?

El problema reside en que la libre flotación cambiaria que reclama el FMI para disminuir el desequilibrio de la cuenta corriente resulta inconsistente con el objetivo antiinflacionario. Lo mismo ocurre con el compromiso de acelerar la rebaja de subsidios, con su contracara en términos de mayores tarifas. En ese marco, todo indica que la inflación se ubicará este año más cerca de la hipótesis “pesimista” del FMI del 32% y no del 27% proyectado en el escenario base. En el actual contexto de caída de consumo, deterioro en todos los indicadores sociales y virtual parálisis de la inversión privada, el fuerte ajuste fiscal proyectado para el segundo semestre acentuará el sesgo recesivo que ya atraviesa a todo el entramado productivo. Por ello, la hipótesis de caída del 1,3% en el PIB para el 2018 que el FMI proyecta en el panorama “adverso” resulta más consistente con los datos de la realidad. En un escenario tan desalentador, quizás la máxima expresión de realismo que se desprende del documento del FMI es su referencia a que “la presión política sobre el Gobierno y las divisiones sociales que creará pueden ser considerables, particularmente en las primeras etapas del plan”. Dicho en otros términos, la capacidad política del oficialismo para avanzar con su plan está seriamente bajo cuestión.

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