INFORME ECONÓMICO MENSUAL

Si desea suscribirse a este informe o adquirir el mismo, llámenos 4313 - 9494 / 4313 - 5137 o escríbanos a Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo..

Informe del mes de junio 2018

(Tiempo estimado: 2 - 4 minutos)

SUMARIO

En nuestro informe económico de fines de marzo decíamos “En un escenario como el descripto no sería de extrañar que el BCRA se vea obligado a subir la tasa de interés; tampoco puede descartarse algún tipo de acuerdo con el FMI para reabrir su asistencia financiera”. Lo cierto es que la dinámica insostenible del sector externo, que se manifestó plenamente entre abril y mayo, aceleró los tiempos. La pulseada cambiaria que preludió el gran vencimiento de letras del BCRA de mediados de mayo la ganó el “mercado”, dejando al descubierto la pérdida de capacidad de maniobra del BCRA para incidir sobre las variables relevantes bajo su órbita: debió convalidar una devaluación del 17%, un aumento de diez puntos en la tasa de interés (llevándola al 40% anual) y sacrificar más de diez mil millones de dólares de reservas. Ninguna de esas decisiones contribuye a disminuir la vulnerabilidad externa. En cambio, la acentúa. La caída del PIB medido en dólares determinó que, post devaluación, el coeficiente de deuda externa en relación con dicha variable aumentara casi en diez puntos (aun antes de computar las nuevas emisiones de 2018). En este contexto, el “nuevo equilibrio” alcanzado lejos está de ser estable.

Por el lado de la economía real, los impactos contractivos de este cambio de precios relativos han sido inmediatos, y preanuncian un segundo semestre recesivo. El aumento del dólar –de casi el 60% en un año– ha impactado directamente sobre la inflación, que ya se proyecta por encima de la de 2017. El costo del financiamiento se ha encarecido fuertemente, en un contexto de aumentos generalizados de tarifas e insumos difundidos que comprimen los márgenes empresarios. Esta dinámica convive con una política fiscal también contractiva evidenciada en la disminución de la inversión pública y la reducción de subsidios económicos. Estos “ahorros” fiscales, sin embargo, han sido rápidamente compensados por el incremento de los intereses de la deuda en moneda extranjera. Con el nuevo tipo de cambio, dicho gasto aumentó en 54.000 millones de pesos, monto que representa el doble del ahorro fiscal producto de la reducción impuesta tanto al gasto de capital como en los  subsidios. Como se advierte, los cambios ocurridos en la composición de la deuda pública (donde el 69% está en moneda extranjera) también afectan sensiblemente la solvencia fiscal.

Es cada vez más evidente que ni la “flotación” cambiaria ni la reducción del gasto primario —que constituyen las recomendaciones tradicionales del recetario del FMI y a las cuales adscribe el Gobierno— representan soluciones para los problemas macroeconómicos más acuciantes de la Argentina. El flanco más débil está vinculado con el desequilibrio externo que, desde el inicio de la actual gestión, se ha profundizado notablemente, producto del esquema de apertura financiera y comercial. Si no se revisa esa estrategia, es difícil esperar que los fondos frescos que puedan provenir del FMI corran una suerte diferente a la de los dólares ingresados durante estos dos últimos años: la fuga de capitales. La invocación que hace el staff del organismo a que se evite que los recursos asignados a la Argentina se esfumen en una corrida cambiaria deviene en mera retórica que pasa por alto la experiencia pasada y presente de nuestro país. Con la cuenta capital liberada, lo previsible es que la nueva deuda termine viabilizando la dolarización de ahorros y su salida de la Argentina.

La decisión política del FMI (amparada por el acompañamiento de las principales economías desarrolladas) es clara: apoyar al Gobierno argentino en esta situación de crisis externa, ampliando al máximo posible los fondos prestables. Tampoco cabe descartar que en esta primera etapa hagan ciertas concesiones respecto de la condicionalidades. Es evidente que a la coalición gobernante se le han achicado los espacios políticos y el consenso social para avanzar en una agenda de corte más ortodoxo aún. La aprobación por parte de la oposición del proyecto para limitar el aumento de tarifas es una expresión de esas limitaciones. Pero aún bajo el hipotético supuesto de que en el establecimiento de sus condicionalidades el FMI atendiera los límites sociales y políticos que enfrenta el oficialismo en nuestro país, es difícil pensar que la actual inercia conduzca hacia un escenario de crecimiento. Nos esperan dos años que, con una mirada complaciente, serán de estancamiento económico. Mucho menos podremos esperar en términos de generación de empleo de calidad.

Fide

Fundación de Investigaciones
para el Desarrollo

Seguinos en

Facebook

Domicilio

  • Reconquista 962 - 2º Piso
  • CP C1003ABT
  • Ciudad Autónoma de Buenos Aires
  • República Argentina
  • 4313 - 9494 / 4313 - 5137
  • Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.