INFORME ECONÓMICO MENSUAL

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Informe del mes de Enero de 2018

(Tiempo estimado: 2 - 4 minutos)

Sumario

El año 2017 cerró con un deterioro en las condiciones macroeconómicas y un enrarecimiento del clima social. A pocas semanas de haber obtenido un rotundo triunfo electoral, el Gobierno sufrió un importante costo político por su decisión de impulsar, a contrapelo del generalizado rechazo ciudadano, un recorte en los beneficios de la Seguridad Social. También impactó negativamente el desborde represivo de las fuerzas de seguridad frente a las masivas movilizaciones en contra de las propuestas previsionales y laborales. Ese  cambio en el humor social se entrelazó con un peor desempeño de los datos de crecimiento e inflación durante el último bimestre de 2017. Muchos de los factores que habían sostenido la demanda durante el segundo y tercer trimestre –mejora del salario real e inversión pública, fundamentalmente– perdieron impulso. La inflación anual superó todas las previsiones, y se ubicaría en torno al 24%, al tiempo que el incremento del PIB difícilmente supere en 2017 el 2,8% acumulado hasta octubre.

Esta lentificación de los niveles de actividad y consumo se proyecta inercialmente para 2018. El Gobierno maneja una hipótesis de aumento del 3,5% en el PIB, pero no hay ningún dato objetivo que habilite a pensar que este año será mejor que el anterior. Ya no se dará el efecto “rebote” que predominó en 2017 y, de acuerdo a los datos presupuestarios, el estímulo fiscal por la vía de la inversión pública se reducirá. En lo que hace a la inversión privada, siguen sin aparecer señales ni condiciones que auguren un rol más dinámico de esta variable. Por su parte, el recorte de subsidios económicos con su contracara en términos de aumentos de tarifas de los servicios públicos promete repetir el impacto negativo sobre el ingreso disponible del sector privado. Por el lado de la demanda externa tampoco se advierten razones para esperar una recuperación de las exportaciones. No ayuda el retraso cambiario acumulado, pero menos aún las condiciones de la economía internacional, donde se espera un crecimiento moderado del comercio global y regional y un estancamiento en las cotizaciones de los productos agrícolas.

Lo cierto es que la variable determinante para proyectar el comportamiento de la demanda do-méstica en 2018 es el salario real. Y en ese sentido el techo del 15% que, en línea con la nueva meta de inflación establecida por el BCRA, impulsa el Gobierno para las negociaciones paritarias de este año, es inconsistente con la recomposición de la capacidad de compra de la remuneración al trabajo. La inercia inflacionaria con que cerró el año 2017 (exacerbada por el aumento del 8,6% en el valor del dólar en diciembre), los aumentos previstos de tarifas y la persistencia de la puja distributiva ya tornan optimista esa nueva meta oficial. Las estimaciones privadas coinciden en ubicarla en el entorno del 17%. Cabe señalar que detrás de esa proyección subyace la hipótesis de que este año no se verificará una fuerte devaluación del peso, fenómeno que constituye una de las principales fuentes de inflación de la economía argentina.

La posibilidad de que el Gobierno logre garantizar una relativa tranquilidad cambiaria está directamente subordinada a la capacidad de obtener los re-cursos externos necesarios para cubrir la brecha externa y la fuga de capitales. Ambos fenómenos exhiben señales preocupantes de deterioro. Esta circunstancia limita el espacio del que dispone el BCRA para reducir la tasa de interés sin generar otra oleada de dolarización de activos por parte de los residentes o la salida de capitales externos de corto plazo. Si bien las condiciones de liquidez a nivel global no muestran signos de reversión en un futuro inmediato, lo cual hace prever que el Gobierno logrará obtener el financiamiento proyectado, la dimensión que alcanza el desequilibrio de la cuenta corriente (alrededor del 4% del PIB) y la fuga (42.400 millones de dólares en once meses)  ha tornado a la economía argentina crecientemente dependiente del ingreso de dólares especulativos, lo cual encorseta la política monetaria y torna más imprevisible la evolución del ciclo económico.

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