Informe del mes de enero 2017

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SUMARIO

El desplazamiento del ministro de Finanzas y Hacienda, apenas un año después de haber asumido, puso en evidencia las disputas de poder hacia el interior del gabinete que, si bien estuvieron presentes desde un principio, se exacerbaron a partir de la profundización de los desequilibrios macroeconómicos con los que cerró 2016. El nuevo ministro, ahora con atribuciones muy recortadas, representa una continuidad del rumbo económico impulsado por su predecesor.

La gestión económica del Gobierno se ha caracterizado por la insuficiente coordinación y articulación de las decisiones de política, por lo tanto no es una buena noticia que se haya decidido una nueva división ministerial. Ello supone una mayor atomización en el manejo de la economía en momentos donde lo delicado de la situación reclamaría una gestión que tuviera una visión integral de los distintos frentes problemáticos que trascienden ampliamente la cuestión fiscal y de financiamiento.

Particularmente sensible es el frente externo, donde el empeoramiento del déficit de cuenta corriente (hasta noviembre el desequilibrio cambiario se incrementó casi un 30%) y la dolarización de activos (la demanda doméstica de dólares con fines de ahorro superó al promedio registrado durante el Gobierno anterior) reflejan un problema estructural de insuficiencia de divisas que se proyecta hacia el 2017. La contracara fue un masivo endeudamiento externo –equivalente a casi el 10% del PIB– con virtualmente nulo impacto en la ampliación de la capacidad de repago.

 

egresos formacion activos externos

En los dos últimos meses del año, el éxito obtenido en el blanqueo de capitales –se exteriorizaron activos por 90 mil millones de dólares– generó una oferta adicional de dólares que contribuyó a mantener la tranquilidad en el mercado de cambios. Se trata, sin embargo, de una oferta de divisas que se irá agotando en las próximas semanas. Si se mantiene el proceso de fuga de capitales no cabe descartar nuevas presiones sobre la cotización del dólar.

El aumento en la recaudación originada en el pago de la penalidad del blanqueo de activos tam-bién contribuyó a achicar el desequilibrio fiscal primario, acercando el resultado anual al 4,8% del PIB proyectado por el Gobierno. Hacia delante la viabilidad de la meta oficial anual del 4,2% para 2017 está fuertemente condicionada a que la economía salga de la recesión.

Los últimos datos sobre la marcha de la economía real son poco alentadores. La industria y la construcción continuaron evidenciando los mayores deterioros –hasta noviembre retrocedieron el 4,9% y el 13,1%, respectivamente– pero también los sectores agro-pecuario y minero exhibieron caídas relevantes en sus niveles de PIB. Por el lado de la demanda, si bien la inversión es la componente que sufrió el mayor deterioro (-4,7% promedio hasta septiembre) la retracción del consumo privado continúa siendo la principal ancla para la recuperación de la economía.

Para el 2017, aún un crecimiento modesto como el 2,3% proyectado por la CEPAL difícilmente sea viable si no se reactiva el consumo interno. Las transferencias de ingresos promovidas con la reciente reforma en el impuesto a las ganancias y a través de las sumas fijas de fin de año a trabajadores formales e informales, no alcanzan a compensar la pérdida de ingresos provocada por la aceleración inflacionaria ocurrida en 2016. Por ello, el año próximo la desaceleración esperada en la tasa de inflación debería ir acompañada por una recomposición real de los salarios para que se recupere el consumo interno. Y esta tendencia previsiblemente se sumará a una dinamización de la inversión pública, revirtiendo el rol pro-cíclico que desenvolvió esta variable en 2016, con un deterioro real del orden del 30%.

Por el lado de la oferta es más difícil avizorar cuáles serán los sectores que podrían asumir un rol dinámico. El sector agropecuario se presenta como uno de ellos, ya que si bien los precios internacionales se mantendrían débiles, se proyecta una mejora la producción agrícola en torno al 5%. Por su parte, de reactivarse la obra pública también el sector de la construcción podría revertir la tendencia negativa de 2016. Menos halagüeñas son, en cambio, las perspectivas para la industria, muy condicionada por un contexto de insuficiencia de demanda, tanto doméstica como externa, caída en los niveles de productividad y una creciente sustitución negativa de importaciones en varios rubros.

Estos contenidos del crecimiento no son neutros para el mercado de trabajo. La inercia de la actual lógica económica conduce a una mayor primarización de la estructura productiva y de exportaciones con su contracara en términos de menor densidad en materia de empleo.

 

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