Informe del mes de febrero 2017

SUMARIO

Entre el crédito tomado con bancos internacionales por seis mil millones de dólares y la reciente colocación de bonos soberanos por casi siete mil millones de dólares, el Gobierno ya tiene cubierto prácticamente el 65% de los vencimientos de deuda de este año. Ello garantiza tranquilidad en el mercado de cambios para los próximos meses. No despeja, sin embargo, las incertidumbres que despierta la dinámica del sector externo, caracterizado por la acentuación del desequilibrio de pagos y la intensificación del proceso de dolarización de activos por parte de los argentinos. Los datos oficiales indican que el mercado de cambios cerró el año 2016 con un desequilibrio 19% superior al observado en el año 2015 y una dolarización bruta equivalente a 29.000 millones de dólares (sólo en el último bimestre del año esa demanda consumió la totalidad de las divisas ingresadas por el blanqueo de capitales).

cuadro febrero

Las crecientes evidencias de que el escenario internacional se presenta muy adverso para los países emergentes, con renovadas señales proteccionistas y de volatilidad en los mercados cambiarios y financieros, son recibidas con indiferencia por el Gobierno argentino, que ha ratificado su línea estratégica de apertura comercial y financiera unilateral. En las primeras semanas de enero avanzó en la eliminación plena de las restricciones al ingreso de capital de corto plazo y confirmó que la apertura de las importaciones constituye un instrumento de su política antiinflacionaria.

Tampoco ha variado su diagnóstico sobre el tema de la inflación, circunscribiéndolo a un problema de raíz monetaria e ignorando las fuentes por el lado de la oferta que explicaron la aceleración de precios de 2016. Indiferente a la incidencia que tuvo el aumento de tarifas como factor explicativo relevante, el Gobierno ya ha explicitado un cronograma de incrementos de precios en un amplio arco de bienes y servicios regulados que, inevitablemente, provocará impactos de primera y segunda vuelta. Las expectativas alcistas que generan estas decisiones llevaron a corregir al alza las previsiones de inflación, llevándola a un nivel promedio en torno al 23%, muy por debajo del 41% con que cerró el 2016, pero alejadas del límite superior del 17% pautado por el BCRA.

Simultáneamente, las proyecciones privadas de crecimiento económico para este año están siendo revisadas a la baja. El FMI, en línea con las recientes hipótesis de la CEPAL, redujo su estimación de PIB al 2,2%, al tiempo que ratificó la perspectiva  de estancamiento para el Brasil. La información oficial relevada hasta noviembre describe una situación de desaceleración en el ritmo de caída de la actividad económica, acumulándose un retroceso de 2,5% en ese período. Por su parte, la información correspondiente al mes de diciembre sobre la industria y la construcción confirma esa hipótesis, ya que si bien exhiben una caída anual del -4,6% y -12,7% respectivamente, muestran ligeros aumentos en términos desestacionalizados respecto a noviembre.

Sin ignorar la aparición de algunos “brotes verdes” que estarían indicando la inflexión en el proceso de caída del PIB, cuesta identificar cuáles serán las fuentes de demanda que impulsen una recuperación sostenida y equilibrada de la actividad económica, más allá de previsibles rebotes estadísticos. Descartada la posibilidad de que el sector externo contribuya positivamente (en el actual contexto presenta más riesgos que oportunidades), la reactivación del mercado interno constituye la condición ineludible para volver a crecer. El impulso a la inversión en infraestructura es una de las cartas que exhibe el Gobierno, pero es claramente insuficiente. La inversión privada, por su parte, continúa esperando hasta que aclare. Y no parece ser posible que se recupere el consumo si la conducción económica insiste en cristalizar la pérdida del salario real en torno al 7% acumulada en 2016. El Gobierno debería tomar nota de que el “ofertismo” que propone como opción de política está destinado al fracaso en un escenario con cada vez más evidentes problemas de insuficiencia de demanda efectiva.

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