Con márgenes de maniobra decrecientes

La sumisión del Estado a la lógica del capital financiero —restablecida por la política económica de la Alianza Cambiemos— se refleja, entre otros fenómenos, en la pérdida de soberanía del BCRA para administrar la política monetaria-cambiaria.

Estamos asistiendo a evidencias “de manual” relacionadas con la imposibilidad que enfrenta la autoridad monetaria para manejar la tasa de interés y el tipo de cambio en un contexto de liberalización plena de los movimientos de capital.

El endeudamiento externo acumulado en el último año y medio —equivalente a 14 puntos del PIB— no está resultando suficiente para cubrir la demanda  generada por la ampliación del desequilibrio externo y la fuga de capitales. La caída por “goteo” de las reservas internacionales y la trepada del dólar son algunas de las contracaras de este proceso. El “mercado” ha pasado a decidir el nivel de la tasa de interés y el tipo de cambio nuevamente en la Argentina. Tal atribución ha sido voluntariamente cedida por el BCRA cuando optó por la desregulación cambiaria y el establecimiento de un régimen de metas de inflación.

El telón de fondo de la crisis política y económica por la que atraviesa Brasil agudiza las condiciones de vulnerabilidad de la Argentina. Después de registrar una de las recesiones más profundas de su historia, la economía brasileña se encuentra virtualmente estancada. Ello impacta directamente sobre el canal comercial, circunstancia exacerbada por el abandono de la política de administración del comercio por parte del  gobierno argentino. En el primer semestre de este año el déficit bilateral se incrementó un 60%.

La actual gestión parece tener un diagnóstico errado respecto del escenario internacional que enfrenta —donde se asiste a un proceso de repliegue de la globalización comercial— y, también, sobre el impacto interno que provocan sus decisiones de política. En conjunto, el contexto internacional y la política económica nacional, condicionan el crecimiento. El Gobierno subestimó el efecto de los tarifazos sobre el ingreso disponible, el ancla al consumo que supone la pérdida salarial acumulada en estos dieciocho meses y el creciente desplazamiento de trabajo nacional por importado que impone la apertura comercial. 

La realidad se aleja cada día un poco más de los objetivos proclamados por el Gobierno. No hay muchos resquicios para el voluntarismo. El régimen de valorización financiera que hegemoniza el funcionamiento de la economía argentina no sólo es inconsistente con una recuperación vigorosa y sostenible del crecimiento, sino que también empuja hacia una progresiva regresividad distributiva y al deterioro de la condición salarial. El escenario puede agravarse si se acentúan las tensiones en torno a la restricción externa. Nada nuevo bajo el sol. La historia de los ensayos neoliberales, propios y ajenos,  enseña que los impactos más disruptivos sobre la actividad productiva y el entramado social se originan en el frente externo.

 

Mercedes Marcó del Pont

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