La revancha neoliberal

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“El neoliberalismo está comprometido en una batalla de largo aliento en contra del Estado de bienestar… Su objetivo no es eliminarlo completamente, sino transformarlo en un “centro de beneficios” para las corporaciones”   
Thomas Palley. “Re theorizing the Welfare State and the Political Economy of Neoliberalism’s War against it”. Febrero de 2018

La decisión del establishment brasileño de avanzar cueste lo que cueste en la proscripción del ex presidente Lula en las próximas elecciones de octubre, se enmarca en un proceso político a escala regional que busca restablecer un orden neoliberal pleno. Poco importa si las políticas económicas impulsadas por los gobiernos de Lula y Dilma optaron en su momento por no confrontar con los intereses de la financiarización. No perdonan la profunda redistribución progresiva del ingreso que en muy poco tiempo permitió reducir brechas sociales históricamente anquilosadas en esa sociedad. Les urge garantizar reglas de juego que preserven los intereses del capital financiero y apropiarse de los espacios hasta ahora ocupados por el Estado. La seguridad social, la salud, los programas de vivienda y la educación pública son, entre otros, atractivos nichos de negocios que el “mercado” aspira incorporar a su lógica de acumulación financiera.
En nuestro país soplan los mismos vientos. Si bien la democracia no está en juego, hemos experimentado un debilitamiento manifiesto del Estado de derecho. El disciplinamiento político y social convive con el avance de los negocios financieros y el deterioro en los contenidos del crecimiento económico y del empleo. La reprimarización de la estructura productiva y la precarización del trabajo son rasgos inherentes a la lógica neoliberal y las señales de degradación del rol del Estado como regulador y orientador del proceso económico son cada vez más evidentes. El BCRA ha virtualmente cedido al “mercado” el manejo de las variables monetarias y cambiarias. La desregulación petrolera ya transformó en pieza de museo el objetivo del autoabastecimiento. El reemplazo de la obra pública por los PPP supone un endeudamiento encubierto con enormes riesgos hacia delante (con condiciones preferenciales aquí y ahora, en materia impositiva) y el nuevo recorte de soberanía que implica haberle otorgado a los inversores externos la prórroga de jurisdicción en el caso de resolución de controversias.     
La agenda neoliberal supone avanzar sobre otros terrenos que hoy están bajo la órbita del financiamiento y la producción estatal, para anexarlos a la lógica de lucro del sector privado. Los recursos de la Seguridad Social son el caso paradigmático, pero hay muchos otros frentes. Sin embargo, esa avanzada requiere de una legitimación social que hoy no está garantizada. De allí la pertinaz batalla ideológica que despliega el Gobierno para erosionar el consenso social que reivindica la necesidad de un Estado “presente”. Se trata de moldear un sentido común que respalde el creciente empoderamiento del “mercado” como mecanismo para asignar la riqueza. La deslegitimación de la política y la desmovilización social son dos requisitos adicionales e ineludibles para garantizar la hegemonía del proyecto político neoliberal. Como se advierte, el desafío es enorme y tenemos que librar la batalla tanto en el terreno de las propuestas como en el de las subjetividades.

Mercedes Marcó del Pont

Fide

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