¿Lo peor ya pasó?

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El consumo pierde fuerza

De acuerdo a las proyecciones de la CEPAL, los países sudamericanos crecerían este año a una tasa del 2%. Ello significaría una mejora respecto al magro crecimiento del año 2017, que apenas alcanzó un 0,8%.

La recuperación de la economía brasileña –estimada en un 2,2%– sería el principal factor explicativo de ese desempeño, aunque también se prevé un mayor ritmo de crecimiento en los restantes países de la región. Para la Argentina, en cambio, la proyección se revisó a la baja, pasando de la hipótesis original del 3% al 2,5%. Tal predicción se alínea con las estimaciones privadas que coinciden en rangos del 2%-2,5%. Cabe advertir que la CEPAL justifica su mejor pronóstico para la región en el mayor aporte proveniente de las exportaciones y en el alza del consumo, que vendría asociado a una mejora del salario real y del crédito, dos variables que en el caso de nuestro país no evidencian un sesgo muy dinámico para el corriente año.

Como ya describimos en el capítulo anterior, el avance de las importaciones a un ritmo muy superior al de las exportaciones viene determinando una contribución negativa al crecimiento del PIB, diferenciándose de la evolución positiva que se proyecta para la mayoría de los países de Sudamérica. Por su parte, la posibilidad de que el consumo desempeñe un rol dinámico se encuentra condicionada por la decisión oficial de utilizar el ancla salarial como mecanismo antiinflacionario en un contexto de aumento de precios, incluyendo un ajuste importante en las tarifas de los servicios públicos esenciales.

La dinámica del consumo no constituye un dato menor, ya que su impulso fue uno de los principales pilares del crecimiento del PIB el año pasado. Ello quedó confirmado con la difusión oficial de los datos definitivos sobre la evolución de la oferta y la demanda global para el año 2017, que dejan en evidencia que el crecimiento del 2,9% del PIB se originó principalmente en la mejora del 3,6% en el consumo privado. El repunte en el consumo vino de la mano de la recuperación del salario (que para el sector privado formal ascendió al 3%) y de otros ingresos de las familias (jubilaciones y asignaciones), variables que el Gobierno buscó preservar en el contexto de las elecciones de medio término que tuvieron lugar en octubre de 2017.


Revista Fide, Coyuntura y Desarrollo nº 381, 12 de abril de 2018.

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