Diálogos: Carlos Bianco

(Tiempo estimado: 2 - 3 minutos)

“El acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea es sencillamente un escándalo. Es el pacto Roca - Runciman, pero sin carne.”

Carlos Bianco es Licenciado en Comercio Exterior de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ). Durante el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner ocupó el cargo de Secretario de Relaciones Económicas Internacionales. Actualmente se desempeña como docente-investigador de la UNQ y asesor de la Secretaría de Relaciones Internacionales de la CTA de los Trabajadores (CTA-T). Se entrevistó con FIDE para ayudarnos a entender una de las políticas estratégicas del actual Gobierno: el Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. Se trata de esas iniciativas silenciosas, solo para expertos, y que sin embargo significan pasos muy concretos en una agenda que indefectiblemente nos atará de pies y manos en las posibilidades concretas de avanzar con un plan de desarrollo nacional.

FIDE: El Gobierno argentino está empecinado en firmar un Tratado de Libre Comercio entre el Mercosur y la Unión Europea. ¿Cuál ha sido el derrotero de estas negociaciones?

Carlos Bianco (CB): El tratado que hoy impulsa el Mercosur con la Unión Europea (UE) tiene su origen en un acuerdo marco de cooperación que firmaron los dos bloques en 1995. Se trata de una iniciativa del equipo económico del primer mandato de Carlos Menem. Consistente con su génesis, el texto original del acuerdo tiene una clara impronta neoliberal y se basa en una hipótesis central: los países se beneficiarán mutuamente de un proceso de integración comercial. Las disparidades en el nivel relativo de desarrollo entre las regiones e incluso entre países no configuran, desde esta perspectiva, ningún impedimento.

Huelga recordar que esta visión, según la cual una política de apertura comercial de los países en vías en desarrollo con las economías industrializadas va a traer beneficios para todos los países participantes, contrasta con la posición histórica de toda la tradición latinoamericana sobre los procesos de integración. Desde esta otra perspectiva, los procesos de integración, para resultar beneficiosos en términos de desarrollo, deberían establecerse entre países más o menos similares, con una estructura productiva más o menos semejante, en los entornos regionales, con el objetivo de aumentar la escala de producción, estimular los procesos de aprendizaje industrial y, de esta forma, fortalecer el proceso de industrialización en cada uno de los países. Es la visión estructuralista, que surge entre los años ‘60 y los ‘70. Fue la visión tradicional de la CEPAL que, sin embargo, a partir de los ‘90 aggiornó un poco su posición, introduciendo el concepto de “regionalismo abierto”.

En aquel contexto, entonces, se firma el acuerdo marco de cooperación con la UE, en donde se establece que a futuro se va a empezar a negociar un acuerdo de asociación birregional, como lo llamaron en aquel momento. Este acuerdo iba a tener tres pilares, según lo establecido en el texto de 1995: un pilar comercial, un pilar político y un pilar de cooperación. En el año 1999 se empieza a negociar efectivamente el acuerdo. En ese momento tiene lugar la primera reunión del Comité de Negociaciones Birregionales (CNB), que es institucionalmente el marco en donde se negocia y en el cual participa un jefe negociador de la Comisión Europea (que negocia en conjunto para todos los países) y un representante de cada uno de los países del Mercosur, para representar las posiciones de cada uno de los países-miembro.


Revista Fide, Coyuntura y Desarrollo nº 383, 03 de agosto de 2018.

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