Una vuelta de tuerca al experimento neoliberal

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En pocos meses el proceso de desaceleración económica que se venía verificando desde febrero se transformó en una fase recesiva que no muestra condiciones de reversión en el corto y mediano plazo.

La dimensión del ajuste monetario, fiscal y cambiario impuesto por el FMI a cambio de garantizar mayor asistencia financiera a la Argentina, bloquea las posibilidades del crecimiento y vuelve a hacer de la recesión el antídoto (un clásico de la ortodoxia) para abordar el problema inflacionario y de desequilibrio externo. Lo han dicho las propias autoridades: ya no habrá pesos para comprar dólares. En ese escenario, las proyecciones sobre las cuales se había cerrado el acuerdo con el FMI apenas tres meses atrás se volvieron papel mojado, y las hipótesis que estimaban alzas del PIB del 0,4% y 1,5% para 2018 y 2019, respectivamente, mutaron, según surge de las proyecciones presupuestarias, en caídas del 2,4% y 0,5% para esos años.

Si bien el Gobierno se mantiene fiel al diagnóstico que adjudica todos los problemas a factores ajenos a sus opciones de política, los datos de la realidad dejan en evidencia que estamos frente a una crisis autogenerada. Desmintiendo la afirmación presidencial de que “veníamos bien, pero pasaron cosas”, todos los datos oficiales ponen de manifiesto que desde fines de 2015 los desequilibrios macroeconómicos se han ido acentuando, particularmente el referido al frente externo. La opción estratégica del oficialismo de liberalizar la cuenta capital y cambiaria y desregular el sistema financiero no sólo impulsó un nuevo ciclo de valorización financiera apoyado en el endeudamiento externo. Supuso, también, una sensible erosión del margen de maniobra del Estado para lidiar con los shocks externos.

Es cierto que están pasando cosas en el escenario global —tasas de interés en ascenso, volatilidad cambiaria, reflujo de capitales desde los países emergentes, guerra comercial—, una combinación de factores que a todas luces torna desaconsejable la estrategia oficial basada en la apertura financiera y comercial unilateral y el híper endeudamiento en dólares. Reeditando situaciones ya vividas en la década de los ‘90 bajo programas económicos muy similares, la Argentina vuelve a ser a escala regional el país más perjudicado por el empeoramiento de las condiciones internacionales. Conjuntamente con Venezuela, nuestro país es el único que está en recesión, que tiene una inflación de dos dígitos y que ha sufrido una mega depreciación de su moneda, por citar solo algunos indicadores.


Revista Fide, Coyuntura y Desarrollo nº 384, 03 de octubre de 2018.
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