El desafío del desarrollo en tiempos de financiarización

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Mercedes Marcó del Pont

“Si construimos las bases materiales de nuestro desarrollo, tendremos estabilidad social y política y la democracia podrá desenvolverse en profundidad para garantía de toda la Nación”.
Rogelio Frigerio, en “Las condiciones de la victoria” de 1959

Transcurrieron cuarenta años desde que Rogelio Frigerio convocó a Héctor Valle para crear la Fundación de Investigaciones para el Desarrollo (FIDE). Los primeros años de FIDE coincidieron con tiempos oscuros para nuestro país. La dictadura militar avanzaba a sangre y fuego con el despliegue de un proyecto neoliberal que agudizaría todas y cada una de las condiciones estructurales del subdesarrollo argentino, degradaría la condición salarial y rifaría márgenes de soberanía. Años más tarde, aquellas experiencias serían caracterizadas como los primeros experimentos neoliberales, cuyo programa central quedaría unos años más tarde resumido en el Consenso de Washington. El avance de la “sabiduría convencional” que iba hegemonizando el debate económico interno (e internacional) tornaba urgente, de acuerdo con la mirada de los fundadores de FIDE, la generación de una usina de pensamiento crítico que no sólo pusiera al descubierto los costos económicos y sociales de las políticas de la dictadura, sino que también se ocupara de elaborar análisis e investigaciones que sirvieran de base para propuestas alternativas comprometidas con el objetivo del desarrollo.

Podríamos decir que, tanto en aquel momento fundacional como en mucho otros, FIDE se dedicó a predicar en el desierto. La hegemonía neoclásica, las recomendaciones del Consenso de Washington, el “fin de la historia”, más tarde el “fin del trabajo”, fueron configurando un plexo ideológico muy eficaz para clausurar el debate económico y para cristalizar una comunidad epistémica en donde quedaba poco espacio para la discusión. Cuestiones fundamentales como la industrialización, el Estado como promotor del desarrollo, una trayectoria de apertura comercial y financiera compatible con la reproducción de las capacidades nacionales o la vigencia del objetivo del empleo de calidad eran denostadas por el discurso único, caracterizándolas como consignas pasadas de moda.

Desde una perspectiva más larga y, particularmente, con posterioridad a la crisis internacional originada en el estallido de las hipotecas sub prime en los Estados Unidos, se advierte con mayor nitidez que el surgimiento de FIDE tuvo lugar en un contexto histórico donde el capitalismo comenzaba un viraje hacia una nueva fase. En esta nueva etapa, la hegemonía sería de lo financiero por sobre lo productivo y el dinero comenzaría, crecientemente, a generar dinero por sí mismo, independizándose de sus vínculos con el mundo del trabajo y la producción.

En la segunda mitad de la década del setenta la Argentina, junto con otros países de la región, constituyeron un precoz tubo de ensayo de la versión más agresiva de la agenda neoliberal. La liberalización de la cuenta capital, la desregulación financiera y la apertura comercial conformaron el núcleo duro del conjunto de políticas que prematuramente empuja-ron a nuestras naciones en la ola de globalización fi-nanciera. Visto en retrospectiva, aquella experiencia, prematura por cierto, se presentó como un espejo que adelantaba lo que, a lo largo de las décadas siguientes, se entronizó como una lógica cada vez más profunda y extendida en la economía mundial: la era del capital financiero.

A nuestro juicio, este predominio de la acumulación financiera por sobre la productiva constituye el marco conceptual para analizar el devenir económico y social de nuestro país en las últimas cuatro décadas. Enmarca la década perdida de los años ‘80 con la crisis de la deuda producto de los préstamos sindicados de los países en desarrollo con la banca internacional; la crisis de la convertibilidad del 2001, como resultante de un experimento más extremo como fue la caja de conversión entre el peso argentino y el dólar norteamericano; y la nueva fase de endeudamiento, desindustrialización y retroceso social que se instala a partir de la asunción del gobierno de los CEOs, hacia fines del 2015.

Estas cuatro décadas también demostraron que existen espacios para recuperar capacidad soberana con el objetivo de priorizar el empleo y la distribución del ingreso si, como ocurrió en la primera década posterior a la gran crisis de 2001-2002, está presente la decisión política de ir a contramano de la lógica neoliberal. Los límites a la sostenibilidad de esa fase de crecimiento y recomposición de la condición salarial, que reaparecieron a partir de 2011, esencialmente vinculados a la restricción externa, también pusieron de manifiesto las dificultades para remover ciertas rémoras heredadas de décadas de neoliberalismo. La desintegración y atraso del aparato industrial, la extranjerización del entramado productivo, el grado de desinversión acumulada en materia energética o la filtración de excedente materializada en la dolarización de ahorros doméstica, constituyeron ras-gos que condicionaron seriamente los espacios para profundizar el sendero de crecimiento, distribución y reducción de la desigualdad. Esos fenómenos se han agravado en los últimos tres años y demandan una estrategia deliberada para abordarlos en el marco de una situación interna e internacional mucho más compleja.    

En FIDE siempre hubo espacio para dar estas discusiones, para criticar aun siendo parte. Se trata de otro rasgo constitutivo de FIDE: el intento tenaz por recuperar debates muchas veces desatendidos por la “heterodoxia”. Plantear las contradicciones en un capitalismo financiarizado que invita a repasar la teoría clásica y reconocer los límites del abordaje keynesiano o neokeynesiano para pensar integralmente los problemas de nuestro subdesarrollo. Parados aquí y ahora, con la notable experiencia que constituyeron los tres mandatos presidenciales que se extendieron entre 2003 y 2015, es preciso asumir los límites de las políticas de crecimiento apoyadas en la demanda, si de manera simultánea no se encara una profunda transformación de la estructura productiva argentina y no se discuten las alternativas para mermar el drenaje de excedente fuera del proceso de acumulación in-terna.

Para avanzar en ese debate profundo se requiere barrer con ciertos prejuicios ideológicos que han desterrado cuestiones trascendentes al territorio del discurso ortodoxo. Probablemente uno de los casos más elocuentes es el de la productividad, concepto que parece haber quedado rehén de las vertientes neoclásicas. Sin embargo, para los que estamos en la vereda de enfrente del pensamiento neoliberal sería fatal ignorar los límites objetivos que existen para armonizar los intereses del capital y del trabajo en contextos de baja productividad. Por definición, el achicamiento de las brechas de productividad y tecnológicas con los países desarrollados constituye una prioridad de cualquier estrategia que aspire a avanzar en una senda de desarrollo y garantice mejoras sustentables en la distribución del ingreso.

En este recorrido, asumen renovada vigencia mu-chas de las formulaciones que, más de cincuenta años atrás, hiciera Rogelio Frigerio en su amplia producción teórica. Así, cuestiones tales como el rol de la inversión extranjera como complemento del ahorro interno en áreas estratégicas, la necesidad de planificar el desarrollo fijando prioridades y ritmos, el papel indelegable del Estado orientando y movilizando los medios de producción, o la importancia de las industrias básicas en el despliegue industrial y tecnológico continúan siendo ejes fundamentales para pensar un proyecto de desarrollo nacional. Más vigente que nunca resulta su permanente invocación a la imprescindible alianza de sectores y clases sociales que se requiere para viabilizar un programa con estos objetivos.

Tan importante como reivindicar la importancia de estas discusiones es ser capaces de actualizarlas a la luz de los cambios relevantes que han ocurrido en el capitalismo. La globalización financiera y comercial ha complejizado y estrechado los márgenes para encarar estrategias autónomas de desarrollo. Esa realidad también involucra a nuestro frustrado proyecto de integración regional, que ha sido fundamentalmente moldeado en función de la planificación estratégica de las empresas multinacionales, localizadas en nuestros territorios, con pocos vasos comunicantes en la generación de desarrollo industrial y complementación productiva de base nacional.

La edición FIDE 40 Aniversario busca aportar a la promoción de estos y otros debates imprescindibles. Se trata de tomar distancia para poder ver estas cuatro décadas en perspectiva, identificar los problemas y también sus posibles soluciones. En este es-fuerzo hemos tenido el privilegio de contar con la contribución de prestigiosas y prestigiosos inte- lectuales y especialistas de nuestro país y de otras latitudes. Nuestra gratitud con ellos es enorme, ya que han aportado trabajos de gran calidad que abordan un amplio espectro de temas trascendentes para pensar el desafío del desarrollo.

Nuestro agradecimiento se hace extensivo a aquellas personas, instituciones y empresas que, con su aporte, ayudaron a la concreción de esta iniciativa. En especial, corresponde mencionar a los compañeros y compañeras del Centro Cultural de la Cooperación, con quienes coeditamos esta publicación. Resta el reconocimiento a todos los lectores de nuestra revista que consecuentemente nos han acompañado durante estos años.

Querría terminar estas líneas recordando algo que Héctor Valle escribió en diciembre de 2008, con motivo de presentar la edición del 30 aniversario de la revista de FIDE: “… el modelo económico anglosajón, que fue hegemónico en los últimos treinta años, agoniza, si bien no cabe dar por descontado que su muerte sea inmediata. El futuro es incierto, ya que no aparece alternativa a la vista. No cabe duda de que el capitalismo, como categoría histórica, si quiere subsistir debe encontrar nuevos paradigmas”. Transcurridos diez años de la “gran recesión”, ese nuevo paradigma con el que soñaba Valle luce todavía muy lejano. Mientras tanto, el poder financiero ha logrado ratificar y profundizar las reglas de juego del Casino Global, alentando un malestar creciente de los pueblos que incuba nuevas condiciones de crisis.

La hegemonía neoliberal ha vuelto a extenderse sobre gran parte de nuestra región, degradando las condiciones socioeconómicas y debilitando seriamente las instituciones de la democracia. Deliberadamente se han reabierto dicotomías y debates que creíamos sepultados para siempre. En un escenario como el descripto, nuestra modesta contribución a la construcción de un proyecto superador del actual reflujo debe ir en dos sentidos. Por un lado, colaborar con el desenmascaramiento de las falacias del pensamiento único neoliberal y sus contradicciones con las posibilidades del desarrollo. Por otro, actualizar el debate acerca de las condiciones nacionales, regionales y globales sobre las cuales el movimiento nacional debe reconstruir los espacios de soberanía necesarios para impulsar un proyecto viable y consistente de desarrollo y equidad. En síntesis, al equipo de FIDE le cabe simplemente renovar el compromiso asumido por sus fundadores cuarenta años atrás.

Diciembre de 2018

 

Fide

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