Dominancia externa, fuga y dólar

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El dólar como principal activo financiero

En el actual contexto de desregulación y apertura que caracteriza al sistema financiero global, las mo-nedas han devenido en activos de alta liquidez cuyo comportamiento está sujeto (como otros activos fi-nancieros tales como las acciones, los bonos o las commodities) a las decisiones de portafolio de los inversores.

En esta realidad, la dinámica de los stocks de riqueza y la lógica de localización de portafolios de los agentes financieros se han transformado en factores fundamentales en la determinación de los tipos de cambio al extremo que, en un contexto de globalización, muchas veces estas decisiones resultan más relevantes que aquéllas relacionadas con las variables reales, como el comercio exterior, la inversión externa de riesgo (IED) o el crecimiento económico.

En economías con fuerte desregulación financiera y cambiaria, como la vigente en la Argentina, el com-portamiento del tipo de cambio está cada vez más supeditado a la lógica de acumulación de activos, recorriendo un proceso de financiarización vinculado a las decisiones de portafolio de los agentes financieros. Como mencionamos, en ese contexto los movimientos del tipo de cambio obedecen cada vez menos a los fundamentos económicos usualmente considerados como determinantes en la relación de equilibrio entre las monedas, tal el caso del resultado del sector externo real, las paridades de poder de compra o las diferencias de competitividad. En efecto, y como ejemplo de esta dinámica, es notable observar cómo la disminución del desequilibrio comercial que se viene verificando a consecuencia del proceso recesivo, ha pasado a ser un dato secundario en la determinación del tipo de cambio, frente a la dimensión que ha adquirido el rol de la formación de activos externos por parte del sector privado no financiero. El impacto de estas decisiones de portafolio tiene efectos sobre la paridad cambiaria, tanto al momento de la compra (dolarización) como en la contracara del ciclo donde los rendimientos de las inversiones en moneda local justifican la venta (desdolarización).

Este abordaje ayuda a interpretar correctamente la “tranquilidad” del dólar registrada en lo que va del verano. Aun cuando el tipo de cambio permanezca estable o incluso se registre alguna leve apreciación nominal, es importante evitar caer en el voluntarismo de pensar que la economía argentina se encuentra en una situación de convergencia hacia equilibrios más estables. Desde nuestro punto de vista, las tendencias apreciatorias verificadas a partir de septiembre del año pasado se explican esencialmente en el cambio operado en la conducta de los “inversores” domésticos que, frente al alza de las tasas de interés y la disminución del riesgo de devaluación a corto plazo, han optado por desdolarizar parte de sus carteras con el objeto de aprovechar los elevados rendimientos que ofrece el menú de operaciones en pesos. En la ecuación rendimiento-riesgo que guía las conductas del capital financiero la ganancia resulta atractiva, al tiempo que los fuertes desembolsos del FMI (en marzo ingresarán otros 10.000 millones de dólares, de acuerdo con el cronograma del programa vigente) han fortalecido el nivel de reservas internacionales, despejando el riesgo cambiario de corto plazo.


Revista Fide, Coyuntura y Desarrollo nº 386, 13 de febrero de 2019.
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