El rol de la política monetaria

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El desafío de recrear las condiciones del crédito

Desde fines de 2015 la política monetaria, cambiaria y financiera quedó cautiva de la decisión estratégica del oficialismo de desregular plenamente el mercado de cambios y la cuenta capital.

La fantasía de que por esa vía se resolvería rápidamente el problema heredado de insuficiencia de dólares se esfumó rápidamente. Entre otras cosas, porque la fuga de capitales doméstica no se detuvo, y fue creciendo rápidamente, sino también porque la apertura comercial impulsada acentuó el déficit de la cuenta corriente.

Los fallidos experimentos monetaristas realizados por el BCRA con el objetivo de bajar la inflación devinieron, en el marco de liberalización cambiaria vigente, en el uso de la tasa de interés como principal mecanismo para minimizar la salida neta de capitales financieros de corto plazo, internos e internacionales. La política de licitación de letras del BCRA fue abandonando paulatinamente su rol de regulación de los flujos de liquidez interna para transformarse en una burbuja financiera con un gran incentivo a las operaciones de carry trade, en una primera etapa, y más recientemente en un mecanismo para evitar una mayor dolarización de carteras. Más allá de las elucubraciones tecnocráticas que continúan emitiendo los funcionarios del BCRA –como por ejemplo la reciente justificación de la decisión de dar de baja el objetivo de expansión cero de la base monetaria–, lo cierto es que, para la conducción económica, tranquilizar el dólar se ha transformado en la principal herramienta antiinflacionaria. Y el control de cambios parcial es funcional a ese objetivo.

A lo largo del último año, precisamente desde que el BCRA modificó sus instrumentos de regulación de liquidez desde las LEBAC hacia las LELIQ, venimos planteando que tal decisión supuso incorporar a los depósitos a plazo fijo en una nueva burbuja financiera, cuyos efectos distorsivos eran peores a los generados por la “bomba de las LEBAC”. Planteábamos que el peligro latente en este esquema no pasaba por eventuales efectos expansivos de la base monetaria si los bancos optaban por no renovar esas letras (cosa que no ocurrió entonces ni ahora, dados los exorbitantes rendimientos que les generan esas colocaciones), sino por la posibilidad de que los depósitos a plazo fijo en pesos –que mayoritariamente son los que fondean las LELIQ– comenzaran a dolarizarse.


Revista Fide, Coyuntura y Desarrollo nº 390, 30 de septiembre de 2019.
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