Sistema cambiario dual y regulaciones financieras durante crisis externas

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El final del actual gobierno deja una situación eco-nómica y social muy compleja. Deuda pública externa difícil de pagar en los términos establecidos, una rece-sión profunda, desocupación, pobreza e indigencia casi record, deterioro institucional agudo, la vigilancia del FMI y la mala experiencia de un esquema monetario y cambiario que resultó explosivo.

Deja también severos interrogantes sobre los márgenes de política económica disponibles a futuro, dadas las varias restricciones (muchas veces cruzadas) que cualquier solución va a enfrentar. Aquí nos referiremos particularmente al régi-men cambiario y la apertura financiera.

Si bien la política económica de Cambiemos puede ser caracterizada por varias decisiones que serán recordadas y analizadas por mucho tiempo, pocas la definen tanto como la obsesión por implementar una apertura externa y una desregulación financiera y cambiaria total, complementadas con un régimen cambiario de flotación “libre”. Todo a ser logrado en tiempo record.

En ese esquema macroeconómico ideal, la desregulación cambiaria y de la cuenta capital era vista como uno de los pilares de la estabilidad nominal y financiera para garantizar el crecimiento de largo plazo. La idea era que la libre entrada y salida de capitales, sin regulaciones cambiarias, con flotación del tipo de cambio y tasas de interés reales positivas, eran la condición necesaria, tanto para financiar la transición gradual hacia el equilibrio fiscal como para recibir una lluvia de inversiones extranjeras que elevaran el crecimiento potencial de la economía. En esta visión integral, la apertura financiera y flexibilidad cambiaria eran requisitos también necesarios para el éxito del ambicioso programa de metas de inflación propuesto por el BCRA, permitiendo al Tesoro financiarse con deuda y no con emisión del banco central. Por ende, una de las muestras más notorias de que se iniciaba en Argentina una nueva era fue justamente desmontar en pocos meses las regulaciones del gobierno precedente.

Colaboró con esta obsesión liberalizadora de los sectores teóricamente más extremos del gobierno la fatiga que padecía el sistema vigente en los últimos años de la administración anterior. Esto evidenciaba que una regulación del mercado cambiario demasiado centrada en las cantidades presenta fuertes dificultades si no es consistente con un tipo de cambio real adecuado. El otro elemento que posibilitó un desarme tan rápido fue aprovechar la positiva herencia dejada por el gobierno de Cristina Fernández, que consistía en un nivel de deuda con tenedores privados muy bajo y una tortuosa disputa judicial con los buitres que, para la nueva gestión, sólo merecía la plena aceptación –lo más rápido posible– de todas las condiciones solicitadas. También se lanzó un blanqueo que tuvo una altísima respuesta favorable.


Revista Fide, Coyuntura y Desarrollo nº 390, 30 de septiembre de 2019.
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