La amenaza financiera sobre los emergentes

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Roberto Lampa

El énfasis que los medios de comunicación suelen poner sobre la guerra comercial entre EE.UU. y China o el supuesto retorno del proteccionismo por mano de Trump, nos está llevando a un mal entendimiento sobre la evolución próxima de la coyuntura externa y los posibles riesgos para las economías periféricas.

En perfecta continuidad con una tendencia empezada con la crisis de las “punto com” en 2001, las amenazas más fuertes para la estabilidad global no provienen del sector real y comercial, sino desde lo financiero.

En este sentido específico, hace falta destacar cómo la misma literatura económica mainstream viene discutiendo sobre la existencia de un ciclo global de liquidez, empezado después de la crisis de 2008, y sobre los peligros implícitos en este nuevo mecanismo de circulación financiera global.

La crisis de 2008 ha determinado la aparición de las políticas monetarias no convencionales en el primer mundo, los famosos planes de quantitative easing, implementados por la Federal Reserve, el Bank of England y finalmente por el Banco Central Europeo (BCE). La consecuencia más evidente ha sido la abrupta caída de las tasas de interés en las naciones desarrollados. En este marco, muchos países emergentes han alentado el ingreso de capitales financieros desde el hemisferio norte, garantizando altos retornos en dólares a través de las estrategias de carry trade o con la masiva emisión de bonos denominados en dólares.

En el caso de América Latina, este ha sido un circuito de financiamiento barato en que han participado tanto gobiernos como grandes empresas privadas. Como se observa en el cuadro a continuación, el stock de bonos en mercados financieros de América Latina y el Caribe al segundo trimestre de 2019 alcanza los 855 miles de millones de dólares, mientras que para el primer trimestre de 2008 este monto era de 322 miles de millones. El stock de deuda en bonos en mercados de capitales creció un 166%, donde el componente más dinámico fue la emisión de deuda de empresas no financieras (que creció un 425%) y de empresas financieras y bancos (que creció un 220%).

Como ya observó Raúl Prebisch en varios trabajos publicados en la revista del Banco Nación entre 1928 y 1934 al estudiar las consecuencias de la crisis del ’29, los flujos de capitales financieros que ingresan desde el exterior conllevan enormes riesgos para los países emergentes. Al estabilizarse la situación, la tasa de interés de los países del primer mundo sube y se pro-duce un flujo de capitales en sentido contrario, que, en el caso de que las reservas internacionales no sean lo suficientemente abundantes, hace que el riesgo de una crisis cambiaria y financiera sea muy alto.


Revista Fide, Coyuntura y Desarrollo nº 391, 09 de diciembre de 2019.
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