La restricción externa en el centro de la escena

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En las últimas semanas el mercado de cambios volvió a constituirse en territorio de la disputa política y económica en nuestro país.

Si bien las tensiones en el frente externo son evidentes, particularmente por el deterioro progresivo en las reservas internacionales, las condiciones objetivas que exhibe la dinámica externa no se condicen con el escenario de desenlace crítico que se intenta instalar desde las usinas del poder mediático-económico. A diferencia de lo ocurrido en otras etapas de nuestra historia, no parece haber espacio para profecías auto cumplidas de devaluación.

El Gobierno ha venido desplegando un conjunto de medidas dirigidas a otorgarle mayor consistencia al manejo monetario-cambiario, articulando decisiones que no solo buscan regular la demanda de dólares sino también promover una mayor oferta de divisas. Desde nuestro punto de vista, la presencia del control de cambios facilita la gobernabilidad de variables macroeconómicas claves, ya que no solo habilita al BCRA a administrar la cotización del dólar, sino también a manejar la tasa de interés de manera consistente con la pauta de ajuste cambiario y el ritmo de la inflación. Tarea menos sencilla es, en cambio, lidiar con las mencionadas expectativas de devaluación que enrarecen el escenario económico. Estas se encuentran directamente asociadas a la presencia de profundas brechas entre el mercado oficial y los mercados alternativos utilizados para dolarizar excedentes en pesos, eludiendo las restricciones cambiarias.

En un contexto tan difícil, el desafío central de la política económica no parece radicar en lograr bajas circunstanciales en esas brechas (inevitables en un marco de control de cambios), sino en ser capaces de articular medidas de corto plazo que interrumpan la sangría de divisas, con iniciativas de mediano plazo dirigidas a ampliar la oferta de dólares comerciales y reducir la presión dolarizadora de los sectores con capacidad de ahorro. Para avanzar en esa dirección es necesario garantizar la tranquilidad cambiaria que contribuya a consolidar el proceso de desaceleración inflacionaria verificado a lo largo del año. De otra manera, los esfuerzos oficiales por estimular mecanismos de ahorro en pesos se transformarán en mera expresión de deseos. 

En ese marco, el Gobierno ha convocado a los sectores empresario y sindical para alcanzar consensos en torno a un programa de recuperación del crecimiento, del empleo y de mejora en los ingresos donde se armonice la puja distributiva, se cuide la consistencia fiscal y monetaria y se garantice una administración de divisas coherente con las necesidades de la reactivación. Entre otras, se trata de reglas de juego que se encuentran en las antípodas de las propuestas que, invocando a las “hadas de la confianza”, acríticamente sostienen los discípulos de la desregulación, el ajuste fiscal y el libre mercado. 

La capacidad para articular las medidas anticíclicas dirigidas a viabilizar la salida de la recesión con los programas estructurales de industrialización, desarrollo energético y agregación de valor de nuestras exportaciones, es el reto fundamental que enfrenta el Gobierno a la hora de garantizar el ingreso en un ciclo sostenible de crecimiento, estabilidad e inclusión.


Revista Fide, Coyuntura y Desarrollo nº 396, 20 de octubre de 2020.

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