La crisis del “gran apagón global”

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Incertidumbre frente a la segunda ola

 La economía del año 2020 estuvo marcada por una de las crisis económicas más profundas de que se tenga memoria.

Según estimaciones de los organismos internacionales, el PIB mundial de este año registrará caídas de al menos un 4,4%, haciendo que la baja de la producción de 2020 sea solo comparable con la crisis de 1930. Lo mismo sucederá con América Latina, donde se espera que este año cierre con desplomes del PIB del 8,1%. A nivel doméstico, la Argentina registrará caídas en la actividad mayores del 10%, lo que hace al 2020 solo comparable con 2001, uno de los trances más graves de nuestra historia.

Esta no es una crisis económica usual, sino de una crisis sanitaria que ha impactado en la economía y la vida de todas las personas. Debido a ello, existen muchas particulares para tener en cuenta.

En primer lugar, las cuarentenas sanitarias como forma exclusiva de combate del virus.  Esto es lo que le ha dado nombre a la pandemia del COVID19 como la crisis del “gran apagón global”, pues incluyó el cierre de ramas productivas enteras y derrumbes inéditos de los niveles de consumo.

En segundo lugar, la escala global. En mayor o menor medida, casi todos los países del mundo han tenido que tomar medidas de aislamiento, provocando un derrumbe simultáneo en la demanda doméstica y externa. Aún aquellos países que han logrado mantenerse con bajos contagios y bajas restricciones, han sufrido un impacto severo mediante otros canales, como la retracción de flujos financieros, comercio internacional o turismo.

En tercer lugar, la crisis aún no tiene fecha de finalización. Muestra de ello es lo que sucede en los países del hemisferio norte. Con la llegada del invierno, Europa, EE.UU., Canadá y otros han debido tomar nuevas medidas de restricción a la circulación de personas y actividades económicas, producto de la segunda ola de contagios.

Y aunque ya existen vacunas efectivas y han comenzado las campañas de vacunación generalizada, la misma no estará disponible para todos los países de manera simultánea, lo que terminará afectando la recuperación. Y si bien en materia de prevención, testeo y rastreo de casos se cuenta con más información e infraestructura que al comienzo de la pandemia, el escenario continúa siendo incierto.

En cuarto lugar, y a pesar de todo lo anterior, la experiencia reciente demuestra que una vez flexibilizadas las restricciones sobre la oferta, las economías responden regresando rápidamente a los niveles de actividad pre-cuarentena.


Revista Fide, Coyuntura y Desarrollo nº 397, 18 de diciembre de 2020.

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