El regreso de la economía “Casino”

“Y los croupieres en este casino financiero global son los grandes banqueros y los corredores de bolsa. Juegan “para la casa”. A la larga, son los que mejor viven”.    
El Capitalismo Casino, Susan Strange, 1986.

La hegemonía de la financiarización como rasgo predominante del capitalismo global ha tenido como contracara inevitable la degradación de la condición salarial y el aumento de la desigualdad. El hecho de que el total de activos financieros que se transan a nivel mundial supere en más de doce veces al total del producto global indica que algo anda muy mal en el funcionamiento del capitalismo. Nos permite entender, además, porqué gran parte de los países centrales se encuentra entrampada en una crisis de insuficiencia de demanda que ha tornado estériles las políticas de dinero abundante y barato que desenvuelven sus bancos centrales.

Durante casi doce años la Argentina busco abrir un paréntesis en el proceso de valorización financiera que también había predominado en las décadas previas. Haber privilegiado la acumulación productiva por sobre la financiera, poniendo el eje en la recomposición del mercado interno, habilitó mejoras indiscutibles en las condiciones del mercado de trabajo y en la distribución del ingreso. Sin embargo, la reaparición de viejos problemas del subdesarrollo, particularmente la restricción externa asociada a la insuficiente industrialización, le impuso límites a esa estrategia. El desafío para quien gobernara el país a partir de diciembre de 2015 era abordarlos, en el marco de un escenario mundial adverso, preservando las condiciones sociales, esto es, mercado interno, empleo y entramado productivo.

El gobierno de Cambiemos adoptó desde el primer día una estrategia de raíz neoliberal que impulsa una reinserción pasiva en el proceso de globalización. Tal opción conduce inevitablemente a recrear las condiciones de subordinación a la lógica de la acumulación financiera. La desregulación de la cuenta capital, la liberalización de las tasas de interés, el endeudamiento externo sin contrapartida y la apertura comercial, son eslabones de esta nueva (vieja) estrategia. Un proyecto de esta naturaleza solo es consistente con la reprimarización del aparato productivo, la desarticulación del mercado de trabajo y el aumento en la brecha de la desigualdad. Es decir, colocarnos en sintonía con las grandes tendencias que se verifican en el mundo del trabajo a nivel global.

En este nuevo contexto no debe sorprender el deterioro que exhiben los principales indicadores macroeconómicos de la Argentina. La caída del producto se enmarca en un proceso de degradación en las condiciones del mercado de trabajo y en la situación social. El pobre desempeño que exhiben los sectores productivos contrasta con la fuerte mejora registrada en la rentabilidad del sistema financiero. Dualidades que describen con elocuencia los nuevos signos de la época.

Mercedes Marcó del Pont

Fide

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