Los problemas antes de Trump

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Veinte años atrás, la economista inglesa Susan Strange identificaba tres fracasos del capitalismo contemporáneo: en la administración y control del sistema financiero internacional, en la protección del medio ambiente y en la preservación del balance socioeconómico entre ricos y pobres, entre débiles y poderosos.

Desde entonces, estas tendencias no han hecho otra cosa que profundizarse. Hacia adelante todo parece indicar que estos continuarán siendo los rasgos predominantes en los Estados Unidos –en la era de Trump– y en Europa.
En este contexto, las significativas contradicciones de la estrategia económica del Gobierno respecto a la dinámica de la economía mundial se han tornado más patentes. Todo indica que se consolidarán escenarios económicos globales que van a contramano de la aspiración oficial de fundar el crecimiento del país en la inversión, particularmente de origen externo, y en una mayor inserción exportadora. Fenómenos como la desaceleración del comercio mundial, la debilidad en la cotización de las materias primas, los menores flujos de inversión externa directa hacia los países emergentes y el creciente proteccionismo, son tendencias que han llegado para quedarse
Un capítulo aparte merece la dependencia del financiamiento externo que reinstaló la política económica a partir de la asunción del presidente Macri. Esta opción ha abierto  flancos de vulnerabilidad que cuestionan seriamente la sustentabilidad de mediano y largo plazo. Con posterioridad al triunfo de Trump se vienen observando algunos comportamientos –como  el aumento en los rendimientos de los bonos de países centrales o las presiones devaluatorias en los mercados cambiarios y el reflujo de capitales desde los países emergentes– que complican las perspectivas de la economía argentina para 2017. Las tensiones del sector externo, hasta ahora disimuladas por el fuerte endeudamiento y, el último mes, gracias a los buenos resultados del blanqueo de capitales, se proyectan como rasgo relevante para el año próximo. En la esfera real tampoco se acumulan buenas noticias. Los impactos negativos que se desprenden del comportamiento esperado de la economía mundial condicionan las posibilidades de que nuestro principal socio comercial, Brasil, recupere el crecimiento
En este marco de incertidumbre, las proyecciones macroeconómicas planteadas por el Gobierno corren el riesgo de quedar rápidamente superadas por la realidad como ya ocurrió este año, cuando tanto la caída del PIB como la inflación virtualmente duplicaron las hipótesis oficiales. La inercia de la actual situación no conduce hacia una reducción de los desequilibrios fiscal y externo y menos aún a una recuperación sólida y difundida del crecimiento económico y del empleo.
Los problemas de insuficiencia de demanda que se manifiestan en la economía argentina, conjuntamente con los elevados niveles de capacidad productiva ociosa, implicarán un escaso nivel de efectividad para las políticas ofertistas impulsadas por el Gobierno para sacar a la economía de la recesión. La mejora en la remuneración al trabajo, conjuntamente con la reactivación de la obra pública y la recuperación de mecanismos eficientes de administración del comercio, aparecen en el contexto mundial crecientemente adverso como condiciones de mínima para viabilizar el reingreso de la economía en un sendero de crecimiento.

Mercedes Marcó del Pont

Fide

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