El mundo nos sigue sorprendiendo

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El inesperado triunfo de Donald Trump a la presidencia de los Estados Unidos corrobora el generalizado descontento social reinante frente a un proceso de globalización financiera y dislocación productiva que ha deteriorado la vida de la gran mayoría de la población. La contracara de esta fase del capitalismo ha sido la concentración escandalosa del ingreso en pocas manos.

Estados Unidos es, en efecto, el país más inequitativo entre las naciones de altos ingresos. Un reciente artículo de Martin Wolff publicado por el Financial Times describe con elocuencia estas tendencias al señalar que entre los años cincuenta y mediados de los setenta el PIB norteamericano se duplicó al igual que los ingresos familiares promedio, mientras que en los cuarenta años siguientes el PIB volvió a duplicarse, pero esta vez los ingresos del jefe de familia sólo aumentaron un 20%. Ese excedente económico apropiado por el capital se orientó crecientemente hacia la acumulación financiera.
La paradoja es que el pueblo norteamericano optó por el candidato del Partido Republicano que fue, precisamente, el gran impulsor de las políticas neoliberales que empujaron hacia una globalización extrema y habilitaron el proceso de financiarización que hegemoniza el capitalismo desde hace casi cuarenta años. Cierto es que esas estrategias, lideradas por Ronald Reagan a partir de 1980 –reagonomics– fueron puntillosamente perfeccionadas por los gobiernos demócratas que lo sucedieron. De hecho, fue el presidente Clinton quien en el año 1999 desmanteló el cuerpo normativo que había sido sancionado con posterioridad a la crisis del ‘30 –la Ley Glass Steagall– con el fin de controlar la especulación financiera, dando rienda suelta a los comportamientos irracionales de los mercados financieros.
No cabe ilusionarse acerca de que este reinado de las finanzas se altere con la llegada de Trump a la presidencia de los Estados Unidos. La retórica anti-establishment financiero desarrollada a lo largo de su campaña electoral duró poco. El candidato seleccionado para ejercer el cargo de secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, es un banquero de Wall Street que hizo gran parte de su carrera en Goldman Sachs. Trump también hizo pública su vocación por modificar o eliminar la Ley Dodd Frank, que había sido promulgada por Obama en 2010 con el objetivo declarado de “transparentar” la actividad bancaria volviendo, entre otros aspectos, a colocar ciertos límites entre las operaciones de banca de inversión y banca de crédito comercial.
No menos elocuente ha sido la nominación como secretario de Comercio de Wilbur Ross, un multimillonario que tiene su propio fondo de inversión dedicado a comprar empresas industriales en problemas, “reestructurarlas” –eufemismo utilizado para describir su descuartizamiento, la generación de despidos masivos y el recorte de costos– para, después, venderlas. Se trata de una rentable operatoria que se inscribe plenamente en la lógica predomínate de la financiarización.


Revista Fide, Coyuntura y Desarrollo nº 372, 09 de diciembre de 2016.
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