La “puerta giratoria” en el Gabinete

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CONFLICTOS DE INTERESES Y RIESGOS DE CAPTURA DE DECISION ESTATAL

Paula Canelo y Ana Castellani

La expresión “puerta giratoria” (revolving door) fue acuñada en la legislación norteamericana y se utiliza para describir el flujo de personas que ocupan altos cargos en el sector público y en el privado en diversos momentos de sus trayectorias laborales.

Ese flujo puede darse en varias direcciones: a) altos directivos del sector privado que acceden a puestos relevantes en el sector público; b) funcionarios que, al dejar su cargo, son contratados en el sector privado para ocupar cargos directivos; o c) individuos que van ocupando altos cargos en el sector privado y el sector público alternativamente.

Estas formas de ingreso y egreso del sector público desde y hacia el sector privado acarrean varios riesgos, ya que pueden perjudicar el interés público y beneficiar a sectores privados específicos: por ejemplo, conflictos de intereses y captura de la decisión pública por parte de poderosos sectores económicos o grandes firmas cuando los funcionarios pasan de altas posiciones privadas a públicas; o el traspaso de información privilegiada, contactos y know-how cuando se dejan los cargos públicos para acceder a un puesto en firmas u organizaciones privadas. La experiencia internacional comparada muestra que este fenómeno se da más frecuentemente en áreas sensibles vinculadas con los mercados de servicios regulados por el Estado (finanzas, seguros, transporte, comunicaciones, energía, etc.) en donde se observan más claramente los conflictos entre incentivos privados e intereses públicos.
Apenas se conocieron los primeros nombres de los funcionarios integrantes del gabinete nacional del Presidente Macri, diversos medios de comunicación señalaron la presencia de hombres y mujeres con antecedentes destacados en la dirección de grandes firmas; incluso llamó la atención que muchos de ellos abandonaran esos altos puestos para asumir nuevas funciones vinculadas con el ejercicio del gobierno. Para algunos analistas esto hablaba de una vocación por “elevar la eficiencia del Estado”: así, el Presidente convocaba a “los mejores cuadros del mundo corporativo”, ajenos a “la contaminación de la política partidaria” para traspasar los “exitosos” criterios de la gestión privada a la administración pública. Para otros, sin embargo, era evidente que comenzaba a configurarse una CEOcracia o gobierno de los CEOs, y advertían sobre los riesgos por conflictos de intereses que implicaba ocupar el Estado con directivos empresarios.
Más allá de las apreciaciones a favor o en contra de la incorporación de CEOs en el gabinete nacional y en otras áreas del Gobierno, lo cierto es que esto nos habla de una particular forma de articulación entre élite económica y élite política en la Argentina. Si bien no es novedoso que la élite económica busque incidir en la decisión pública en su propio beneficio, resulta llamativo que este reclutamiento de los más altos funcionarios predomine con tanta claridad, convirtiéndose en el rasgo más relevante de una nueva élite política.


 Revista Fide, Coyuntura y Desarrollo nº 372, 09 de diciembre de 2016.
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