El conflicto social en el centro de la escena

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Las proyecciones de crecimiento económico para el 2017 provenientes tanto de las tribunas oficiales como de las consultoras privadas, están atadas con alambre. En el actual contexto de política económica, la recomposición del salario real constituye la condición de borde para que, aunque sea tibiamente, regrese el crecimiento.

Y lo que ocurrirá con esta variable todavía es una incógnita dada la inflexibilidad que exhibe el Gobierno en su afán por fijar un techo en las discusiones paritarias. Este límite al incremento en los salarios, de verificarse, cristalizaría la pérdida de poder adquisitivo del 2016 y restaría unos puntos más al bolsillo de los trabajadores, equivalentes a la diferencia entre el techo de aumento salarial y la realidad en la dinámica de los precios.


El ajuste que pretende imponer el Gobierno se enfrenta, sin embargo, a una creciente movilización  –que trasciende la sindical– de un cuerpo social que mantiene capacidad de resistencia. El conflicto bancario a principios de año y la actual pulseada con el sector docente constituyen dos expresiones elocuentes de la vocación del Ejecutivo por disciplinar a los sectores del trabajo. Hasta ahora no le ha ido bien en esa tarea. En los dos sectores la movilización de los trabajadores ha hecho frente a la tijera oficialista. Aunque en una situación socioeconómica más deteriorada que la de un año atrás, el mercado de trabajo todavía no está flexibilizado “de hecho”. En este contexto es previsible que en 2017 el ajuste salarial vuelva a superar las aspiraciones oficiales.


Si la mejora del salario real es condición necesaria para que vuelva el crecimiento en el actual régimen económico, no es condición suficiente. La cadena virtuosa entre aumento de los ingresos, alza del consumo y mejora en la actividad económica se halla condicionada por el deterioro en las condiciones de empleo, la sustitución negativa de importaciones y los incentivos para canalizar el ahorro hacia las colocaciones financieras, entre otros factores que bloquean la recuperación.


Pensamos que para evaluar la realidad argentina es tan relevante advertir los problemas de insuficiencia de demanda que la aquejan como la ausencia de condiciones para la acumulación reproductiva. Lo cierto es que, a contramano del discurso oficial que continúa priorizando la inversión como motor del crecimiento, la Argentina ha vuelto a ser una tierra de oportunidades para la especulación financiera. En palabras del economista Ernest Mandel, “…en las condiciones socioeconómicas dadas los propietarios locales de capital-dinero no tienen interés en transformarlo en capital industrial”. No es casual que en febrero se hayan registrado ingresos récord de capitales golondrina mientras que la fuga muestra máximos históricos.


El Gobierno que bate el parche sobre el drama del “populismo” de la gestión anterior por generar una “insostenible” ampliación de derechos y mejoras en la distribución del ingreso, viene impulsando una ola de  populismo cambiario que está sembrando condiciones de inestabilidad para un futuro no tan lejano. Después de un paréntesis de doce años, el endeudamiento sin contrapartida y la apertura comercial vuelven a combinarse con la valorización financiera reconfigurando el patrón de acumulación y de distribución del ingreso. En este escenario, y en buena hora, el conflicto social continuará en el centro de la escena.    

Mercedes Marcó del Pont

Fide

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