Las manifestaciones de la financiarización: malestar y desamparo

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El carácter distintivo de esta nueva etapa del capitalismo es la internacionalización del capital y la creciente canalización del excedente hacia la acumulación financiera, que desplaza a la acumulación productiva.

Esta transformación se ha producido de la mano de la expansión de las empresas multinacionales, sus cadenas globales de valor y la creciente importancia de los mercados, las instituciones y las elites financieras que actúan tanto sobre las realidades nacionales como sobre la economía global. Aunque analíticamente se presenten como dos esferas escindidas (la producción real y la valorización financiera), se trata de un único fenómeno por el cual la economía en su conjunto queda sometida a la lógica del capital financiero.

Se trata de un fenómeno complejo con manifestaciones varias. La integración de las empresas industriales en los mercados financieros internacionales, las ganancias récord de los bancos surgidas de sus operaciones de banca de inversión y el creciente aumento del endeudamiento de los hogares no constituyen manifestaciones aisladas, sino características sistémicas que reflejan una transformación estructural en las relaciones entre las empresas, los bancos y los trabajadores7.

El proceso de financiarización tiene su epicentro en las economías centrales, donde reside la mayor parte del capital. Pero se extiende y propaga al funcionamiento global de la economía incluyendo la periferia, donde —como resultado de las necesidades del proceso de relocalización productiva impulsada por las empresas multinacionales y el accionar de los bancos globales— se generan grandes oportunidades para la internacionalización de la producción y las ganancias del capital.

En la búsqueda de ganancias y con la tecnología a su favor, el capital fue produciendo un relajamiento de las fronteras entre países. La relocalización de la producción hizo posible el arbitraje entre los distintos esquemas tributarios, estándares laborales y/o regulaciones ambientales de los países. Paralelamente, durante esta etapa del capitalismo el financiamiento de las empresas dejó de provenir mayoritariamente de los bancos para captarse en un mercado global de liquidez, promovido por la desregulación financiera.

Las manifestaciones del proceso de financiarización son heterogéneas entre regiones y países y dependen, en alguna medida, de la historia de cada país y de las decisiones de política en el orden nacional. Sin embargo, la característica generalizada de este proceso se resume en la subordinación de la acumulación del capital productivo a la dinámica del capital financiero y la integración de este capital productivo real al circuito del rendimiento financiero. Esta fusión o interdependencia entre el mundo productivo y el mundo financiero y la dominancia del último sobre el primero suceden a escala global: se prioriza la ganancia de los inversores (accionistas), se acortan los plazos de las decisiones de inversión, se reduce la capacidad de negociación de los trabajadores en los países avanzados (forzándolos a endeudarse de manera compensatoria) y se limita severamente el margen de maniobra de las políticas nacionales en los países en desarrollo.

Malestar y desamparo

La hegemonía de la acumulación financiera sobre la productiva tuvo implicancias notables sobre el mercado de trabajo y la distribución del ingreso. La dinámica asumida por el proceso de globalización financiera, ancado sobre la relocalización productiva y la desregulación financiera, ha producido un malestar social creciente con repercusiones políticas relevantes. El mismo se nutre de los cambios verificados en variables socioeconómicas clave que habían estado relativamente estables en los “treinta gloriosos años” de la posguerra.

Las estadísticas disponibles ponen de manifiesto que, a partir de fines de los ´70, se ha evidenciado una caída sistemática en la participación de los trabajadores en el ingreso total8. En este contexto, se evidencia un grado creciente de preocupación y malestar vinculado con los efectos del libre comercio y la compra de empresas nacionales a manos del capital extranjero sobre el empleo.

Financiarización y distribución del ingreso: el salario en caída

La tendencia en la reducción de la participación de los salarios en el ingreso es considerable y está extendida entre países9. En el caso de las economías industrializadas, la participación de los salarios en el ingreso total se redujo entre 1980 y 2007 del 73.4% al 64.0%10. Entre 1990 y 2009 la misma variable calculada para 26 economías industrializadas se redujo del 66.1% al 61.7%11.

La pérdida de participación de los trabajadores en el ingreso se verificó en paralelo con una mejora notable de los ingresos de los trabajadores más calificados, que son aquéllos que ejercen tareas de gerenciamiento y dirección en las empresas. El fenómeno es particularmente relevante en algunas economías centrales y ha implicado un aumento considerable de los ingresos del 1% más rico de la población, que pasó de percibir del 6.7% del ingreso total a mediados de los años ´70 al 10.3% para mediados de la década del 200012. La disminución de la participación de la remuneración al trabajo en el ingreso total está frecuentemente asociada con un deterioro en la distribución personal del ingreso. Esto es así porque el capital suele estar mucho más concentrado que el trabajo13.

En las economías en desarrollo, como ya fue mencionado, el efecto de la “asalarización” producido por la deslocalización productiva fue muy importante por su impacto en la reducción de la pobreza extrema, en particular en China y el resto de Asia. Sin embargo esta tendencia no se verificó de manera homogénea a nivel planetario, y el promedio está afectado por el peso relativo de China. En ese contexto, de acuerdo a las  mediciones del Banco Mundial, la pobreza se redujo del 44% de la población total en 1981 al 13% en el año 2012. En este caso, la pobreza se define como el porcentaje de personas que viven con un ingreso diario inferior a US$ 1.9014. Para tomar noción de los alcances de este cálculo, en el caso argentino supondría un nivel de ingreso por persona mensual de $912. Por arriba de este ingreso, las personas ya no serían consideradas pobres.

Aún cuando la reducción en la pobreza ha sido notable, la evolución de la participación de los trabajadores en el ingreso ha sido, en el mismo período, bastante más heterogénea. Los números revelan una caída en la participación del salario en el ingreso total, con regiones que exhiben un deterioro aún más importante que aquél observado en las economías industrializadas (Asia y el norte de África) y otras donde la caída ha sido más moderada (Latinoamérica), con algunas excepciones aisladas donde el trabajo logró —en un contexto de buenos precios de las materias primas y políticas nacionales de promoción del empleo y contención social— aumentar su participación en el ingreso (América del Sur)15.

La internacionalización de la producción y la hegemonía de la lógica de las finanzas que prima y determina el funcionamiento de la economía global propician una dinámica perversa en el mercado laboral. Mientras que en el sur se produce un fenómeno de “asalarización” masiva que explica una reducción promedio de la pobreza mundial16, los trabajadores en las economías centrales sufren el efecto disciplinador de este nuevo contingente de asalariados.

La ampliación de la oferta de trabajo global limita la capacidad negociadora de los trabajadores en esos países y alienta el recurso del endeudamiento para complementar ingresos, sometiendo crecientemente a las familias a la lógica de la financiarización.

El mencionado malestar social es indisoluble de la generalización de la creciente condición deudora de las familias: el temor a no poder “honrar las deudas” y el riesgo asociado de quebranto familiar, el temor a perder el empleo producto de una competencia lejana y ruinosa, la angustia por la obsolescencia temprana de las propias capacidades frente a una “juventud digital”, la incertidumbre acerca de la inserción laboral de esos hijos digitales y el repentino incremento de la mano de obra inmigrante son todas expresiones de un creciente malestar con la globalización que, en los últimos tiempos, tiende a canalizarse en un sentido reaccionario.     

Financiarización y familias: la mercantilización de la vida

En el caso de las familias, el fenómeno de la financiarización se manifiesta en varios aspectos. Por un lado, un porcentaje muy reducido de la población total (el 1% más rico) ha generado una demanda por instrumentos financieros que le han permitido invertir sus crecientes excedentes en distintos tipos de activos en el mercado global (y no necesariamente en su propio país, adoptando estrategias cada vez más sofisticadas para maximizar rentas financieras o eludir impuestos). A este fenómeno los bancos respondieron con la creación de enormes unidades dedicadas a la reinversión financiera de su excedente (banca de inversión o investment banking). Al mismo tiempo, la pérdida de participación de los salarios en el ingreso fue “compensada” a través del acceso masivo de las familias al crédito, como un paliativo a la reducción de los ingresos laborales.

Esta financiarización de la vida de las familias representó una oportunidad para los bancos, en particular para los grandes bancos internacionales que desarrollaron divisiones especializadas en este segmento y aprovecharon la tendencia al endeudamiento a través de la colocación de préstamos al consumo, tarjetas de crédito e hipotecas, especialmente entre los trabajadores de los países avanzados17. Así, el aumento de la oferta de los trabajadores en los países en desarrollo, al presionar a la baja los salarios de los trabajadores de los países avanzados, retroalimenta la financiarización de la vida, al forzar a estos últimos a recurrir al sistema financiero para cubrir la merma en sus ingresos.

El endeudamiento de los hogares ha introducido un canal de riesgo adicional en las economías (el caso de la crisis subprime con epicentro en la economía norteamericana es un buen ejemplo de esta lógica18) pero también ha sido funcional al discurso neoliberal en favor de los emprendedores como forma superadora de la relación laboral. Los ingresos laborales más inestables, vinculados a los resultados de las empresas o bajo la forma de contratos directos con el trabajador como agente autónomo o cuasi-independiente, pueden compensarse a través del crédito. El auge de los sistemas de ahorro individual basados en los aportes individuales y voluntarios a un fondo privado (típicamente administrado por un banco global) como forma de alcanzar una jubilación se inscribe en esta misma lógica. Es decir; se combate a los sistemas jubilatorios basados en la solidaridad intergeneracional, a la vez que se estimula el ahorro, cuando no la especulación, individual, como un proceso supuestamente beneficioso para el desarrollo del mercado de capital y, a través de este, para el crecimiento.

En las últimas décadas, las crisis financieras recurrentes han dejado claro que la financiarización de la vida de las familias constituye un nicho de ganancias fabulosas para el capital internacional, al tiempo que representan una fuente de vulnerabilidad económica y social con consecuencias macroeconómicas. Con la tendencia a la participación decreciente de los salarios en el ingreso total, los trabajadores tienden a relacionarse de forma cada vez más independiente (flexibilizada) respecto al capital, sus ingresos constituyen una porción decreciente del costo mientras que el endeudamiento, a la vez que los reincorpora al circuito del consumo, los somete a una lógica de inestabilidad creciente.

Financiarización y periferia: la versión subordinada

El panorama es más complejo y heterogéneo en la periferia. La falta de una moneda que pueda funcionar como reserva de valor condiciona a la mayor parte de estos países a una situación de dependencia estructural respecto del capital internacional. Se trata de una “financiarización subordinada”19 donde la lógica del capital global se impone determinando y cristalizando un tipo de inserción asimétrica y dependiente, en el cual el dólar funciona como una cuasi-moneda mundial20.

En las economías en desarrollo, el fenómeno adquiere algunas características distintivas relacionadas justamente con su retraso relativo. La integración productiva y financiera de los mercados emergentes sucede a través de las empresas multinacionales y sus cadenas globales de valor, con un sesgo hacia la generación de rentas vinculadas con la explotación de los recursos naturales o la mano de obra barata, y a través de las inversiones financieras que se benefician de niveles de rendimiento superiores a los que pueden obtenerse en las economías centrales, producto del diferencial de riesgo entre el centro y la periferia. La aceleración del cambio tecnológico, por su parte, no hace más que complicar el panorama por la ampliación de la brecha entre las condiciones de producción en la periferia y en el centro.

Una inserción global con estas características tiende a reproducir y cristalizar la condición misma del subdesarrollo a través de capacidades productivas incompletas, bajos niveles de productividad, mercados de trabajo con una presencia abrumadora de informalidad y una dependencia también creciente del financiamiento externo que solo se consigue si se profundiza la agenda neoliberal.

La inversión extranjera directa ha jugado un rol central en esta lógica. La producción se presenta entremezclada con la actividad especulativa o financiera. La evidencia indica que una parte importante de las inversiones realizadas por las empresas multinacionales tiene una finalidad especulativa y de hecho se canaliza a este tipo de operatoria. Estos resultados representan un ejemplo estilizado de la dinámica de la financiarización por la cual los mismos agentes que explican la globalización de la producción funcionan, al mismo tiempo, como agentes financieros, constituyéndose en una “nueva” fuente de vulnerabilidad para las economías en desarrollo.

En el mundo de las empresas trasnacionales se verifica una creciente participación en las ganancias a partir de los activos intangibles —marcas, patentes, licencias, derechos de autor, etc.— que se corporizan como canales de valorización financiera. En contrapartida, ello supone una acentuación de las condiciones estructurales de restricción externa inherente a los países subdesarrollados.  

En resumen, en la periferia la financiarización adopta un formato “subordinado”, es decir, sujeto al tipo de relación y dependencia que los países en desarrollo tienen respecto a las economías centrales, dependencia que en las últimas décadas se vio exacerbada con la progresiva desregulación de los flujos transfronterizos de capital.

La financiarización subordinada tiene como principal característica la dependencia a una moneda de reserva de valor extranjera que, en las últimas décadas, ha sido ejercida por el dólar estadounidense. La recurrencia de las crisis de iliquidez en moneda dura (crisis de balanza de pagos) condiciona severamente las posibilidades de instrumentar políticas económicas que no se atengan a la “tradición y buenas costumbres” según dictan “los mercados”.

Financiarización: la causalidad entre ganancia y crecimiento

Además de generar un malestar creciente entre la población por la reducción de los ingresos en las mayorías, el empeoramiento en la distribución del ingreso tuvo repercusiones en los niveles de crecimiento. La relación negativa entre desigualdad y crecimiento desafía algunas de las hipótesis centrales del pensamiento económico ortodoxo que ha primado en las últimas décadas y que impulsa, justamente, un conjunto de políticas que promueven la liberalización del comercio y de las finanzas con una prédica en favor del libre mercado y la reducción de la injerencia de los estados en las economías.

De acuerdo con la visión convencional —y hegemónica— de la economía, los salarios representan una parte del costo de las empresas. Por este motivo, las políticas destinadas a moderar los salarios21 son necesarias para generar un mayor nivel de rentabilidad y así estimular la inversión que, a su turno, resultaría en un mayor nivel de crecimiento y mejoras en el empleo. Se trata del recetario “ofertista” (supply-side economics) popularizado por las mencionadas experiencias de Reagan y Thatcher. Los datos de las últimas décadas son categóricos respecto de esta lógica: el aumento de las ganancias (y consecuentemente el deterioro de la participación de los salarios en el ingreso) no ha resultado en un aumento en la inversión, y por lo tanto no ha estimulado el crecimiento22. Por el contrario, la desigualdad creciente parece estar siendo parte de la explicación del magro nivel de crecimiento de la economía mundial.

Hay varios factores que explican la desconexión entre beneficios e inversión productiva y establecen el vínculo directo entre desigualdad y financiarización. En primer lugar, la mayor parte del incremento observado en los beneficios provino de la actividad financiera. En segundo lugar, una parte de las ganancias de las empresas productivas (no financieras) se ha destinado al pago de dividendos y a la inversión en activos financieros, reduciendo el excedente canalizado a la inversión productiva. Asimismo, la pérdida de participación de los salarios en el ingreso ha impactado negativamente en el consumo (y, por lo tanto, en la demanda agregada), lo que a su vez ha repercutido negativamente en la inversión productiva (no financiera).

En resumen, luego de décadas de promoción de las políticas pro-globalización y financiarización —características de la agenda neoliberal— los datos muestran que la principal consecuencia de esta configuración económica internacional ha sido un debilitamiento de la demanda agregada que ha afectado negativamente el crecimiento, lo que a su vez aumentó la inestabilidad y profundizó los desbalances entre países, con impactos negativos en términos de la concentración de la producción, en la calidad y la cantidad del empleo y en la distribución del ingreso.

De acuerdo con un estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) con datos para 71 países en el período 1970-200723, la libre movilidad de los capitales representa el factor que mayor peso ha tenido en la reducción de la participación de los salarios en el ingreso. El cambio tecnológico también ha tenido impacto en la distribución funcional del ingreso, en particular en el caso de los países desarrollados, pero esta variable no explica la magnitud del aumento observado en los niveles de desigualdad, en particular en las principales economías industrializadas.

En el mismo sentido, un estudio realizado por el Fondo Monetario Internacional (FMI) demuestra que la liberalización de la cuenta capital está asociada —de acuerdo con un trabajo empírico que toma 149 países en el período 1970-2010— a un incremento estadísticamente significativo y persistente en la desigualdad24.

La velocidad y la profundidad del fenómeno de la financiarización afectaron dramáticamente la situación relativa de los trabajadores en el mundo. La libre circulación de bienes y flujos financieros y las lógicas de producción e inversión a escala global han producido una concentración de la producción y el conocimiento, al tiempo que han reducido notablemente el margen de maniobra de los estados nacionales para implementar políticas de desarrollo inclusivo. Los trabajadores, por su parte, enfrentan una situación de debilitamiento en su poder de negociación que los retrotrae a las circunstancias que enfrentaban a principios del siglo pasado. La pérdida de la participación del salario en el ingreso constituye una manifestación del cambio en la relación de fuerzas entre el capital y el trabajo y del capital financiero respecto a la inversión reproductiva que caracteriza esta etapa del capitalismo.


Notas

7) “Subordinate Financialisation: A study of Mexico and its non-financial corporations” de Jeff Powell, Departamento de Economía, SOAS, Universidad de Londres, 2013.

8) La disminución en la relación entre los salarios y el producto ha sido tan marcada que, en algunos casos, hay que retrotraerse al período anterior a la guerra o fines del siglo XIX para encontrar una situación semejante. En los casos de Francia, Gran Bretaña y los EE.UU. la participación actual del trabajo en el ingreso equivale al valor observado en 1897, en la pre-guerra y en 1930, respectivamente para cada uno de estos países. “The Labour Share in G20 Economies”, OIT y OECD, febrero 2015.

9) El cálculo de la participación del ingreso de los trabajadores en el ingreso total reviste ciertas complejidades. Las dificultades residen en tres aspectos: i) qué ingresos considerar como “remuneración al trabajo”, ii) qué tratamiento otorgarle a los trabajadores autónomos y iii) las diferencias en la estructura productiva entre países que determina una participación de los factores (capital y trabajo) en el ingreso que están asociadas con la preponderancia de sectores capital o mano de obra intensivos. Paralelamente, existe un conjunto muy reducido de trabajadores —típicamente conocidos como el 1% más rico de los trabajadores— que obtienen niveles y formas de compensación por su trabajo (bonos, premios, etc.) completamente diferentes en términos relativos y absolutos respecto al 99% restante.

10) “Why have wage shares fallen? A panel analysis of the determinants of functional income distribution” de Engelbert Stockhammer, publicado por la Organización Internacional del Trabajo en 2013.

11) “The Labour Share in G20 Economies”, Organización Internacional del Trabajo y OECD, Reporte preparado para el Grupo de Trabajo sobre Empleo del G20, Turquía, febrero 2015.

12) OECD Employment Outlook 2012, Capítulo 3.

13) En el caso europeo, por ejemplo, el 10% más rico de los trabajadores concentra el 25% de los ingresos salariales totales, mientras que el 10% más rico entre los dueños del capital absorbe el 60% de su remuneración. En resumen, el 10% más rico de la población europea —combinando ingresos por trabajo y capital— recibe el 35% del ingreso total. En el caso de los EE.UU., la desigualdad es aún más elevada (el 10% en la punta de la pirámide percibe el 35% en el caso de los salarios y el 70% en el caso del capital), lo que implica que el 10% más rico recibe el 50% del ingreso total de esa economía.

14) Ferreira y otros, “A global count of the extreme poor in 2012: data issues, methodology and initial results”, World Bank Policy Paper no. 7432, octubre 2015.

15) La heterogeneidad que se observa en las economías en desarrollo se explica por un conjunto de factores: las dificultades para medir correctamente la participación del trabajo en el ingreso total (fundamentalmente por la importancia del empleo independiente y el empleo informal) y los cambios asociados a las remuneraciones de los factores que se producen como consecuencia de modificaciones en la estructura productiva. En algunas regiones (especialmente en América del Sur) la última década constituye un período histórico distintivo, en el que se observa una mejora en los indicadores que miden la distribución del ingreso producto del efecto combinado de la incidencia de la demanda china, el período de precios altos en los commodities, el aumento en los ingresos fiscales en los países productores de materias primas y del despliegue de programas económicos —financiados por el mejor desempeño de los ingresos fiscales— destinados a mejorar los niveles de pobreza y desigualdad. “Panorama de la Inserción Internacional de América Latina y el Caribe. La región frente a las tensiones de la globalización”, CEPAL, 2016.

16) De acuerdo con datos del Banco Mundial, disminuyó del 44% de la población total en 1981 al 13% en el año 2012, en particular en China y el resto de Asia.

17) De acuerdo con el Banco de Pagos Internacionales (Bank of International Settlements, BIS) el impacto del endeudamiento de las familias tiende a ser favorable para el consumo y el crecimiento únicamente en el corto plazo. En el largo plazo, sin embargo, el endeudamiento de las familias tiene un impacto negativo sobre ambas variables: cuando el ratio de la deuda de las familias en relación al producto supera el 60% las consecuencias negativas del endeudamiento ya pueden medirse y se incrementan aún más cuando este ratio supera el 80%. “The real effects of household debt in the short and long run” de Marco Lombardi, Madhusudan Mohanty y Ilhyock Shim, BIS Working Papers N. 607, enero 2017.

18) La crisis financiera conocida como la crisis sub-prime con epicentro en los EE.UU. está relacionada con el fenómeno del endeudamiento de las familias y con un aspecto característico del proceso de financiarización: la aparición de un gran conjunto de instrumentos financieros que, de acuerdo con la literatura económica convencional, permitirían distribuir mejor los riesgos y aumentar la disponibilidad de financiamiento y así colaborarían con el crecimiento. En la práctica, los nuevos instrumentos financieros funcionaron como herramientas poco transparentes que introdujeron niveles elevados de inestabilidad en el sistema financiero internacional.

19) Ver “International and Domestic Financialisation in Middle Income Countries: The Brazilian Experience” de Annina Kaltenbrunner y Juan Pablo Painceira, Financialisation, economy, society and sustainable development (FESSUD), Working Paper Series N. 146, Febrero 2016 y “Subordinate Financialisation: A study of Mexico and its non-financial corporations” de Jeff Powell, Departamento de Economía, SOAS, Universidad de Londres, 2013.

20) “Subordinate Financialisation: A study of Mexico and its non-financial corporations” de Jeff Powell, Departamento de Economía, SOAS, Universidad de Londres, 2013.

21) En la literatura económica ortodoxa estas políticas se presentaron bajo el nombre eufemístico de políticas de moderación salarial (wage moderation policies).

22) En las economías desarrolladas del G20 entre el año 2000 y el 2007 la participación del capital en el producto aumentó dos puntos, mientras que en el mismo período la inversión en términos del producto permaneció estable, en torno al 22%. Para el año 2012 la relación entre la inversión y el producto se había reducido al 20%, mientras que la concentración en el ingreso siguió en aumento.

23) “Why have wage shares fallen? A panel analysis of the determinants of functional income distribution”, de Engelbert Stockhammer, publicado por la Organización Internacional del Trabajo en 2013.

24) Ver “Capital Account Liberalization and Inequality” de Davide Furceri y Prakash Loungani, en IMF Working Papers WP/15/243, noviembre de 2015.

Continúa

Algunas reflexiones sobre la Argentina: un caso de financiarización periférica

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