La economía creció algo menos del 3%, recuperando lo perdido en la recesión de 2016.

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Las fuentes de demanda que habilitaron tal crecimiento –consumo privado e inversión pública– se proyectan más débiles para el corriente año.


Iniciado su tercer año de gestión, el Gobierno no ha logrado promover un proceso de inversión vigoroso ni tampoco una mayor inserción exportadora. Al formular sus objetivos de corto y mediano plazo, el oficialismo posicionó a estas dos variables como motores de la demanda agregada, en reemplazo del consumo. Esta opción estratégica exhibe dos limitaciones objetivas fundamentales: las condiciones prevalecientes en la economía mundial y los incentivos a la acumulación financiera inherentes al modelo económico en curso.

Como ya mencionamos, el comercio exterior generó el año pasado una contribución negativa al crecimiento del PIB, como efecto combinado de un volumen de exportaciones que experimentó una ligera caída (0,4%) e importaciones en aumento (14,6%). La apertura unilateral agudizó el proceso de sustitución negativa de importaciones que se verifica en importantes tramos de la oferta industrial argentina.


Revista Fide, Coyuntura y Desarrollo nº 380, 14 de febrero de 2018.

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