Viejos y nuevos problemas

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Aún en un escenario global que continúa atravesado por la crisis de la pandemia, hay un conjunto de condiciones que emanan de la economía mundial que resultan favorables para la Argentina.

La combinación de políticas monetarias expansivas por parte de los países desarrollados, particularmente Estados Unidos, una recuperación más rápida de la demanda de alimentos de los emergentes, liderada por China, y una serie de factores climáticos que redujeron la oferta agrícola en 2021 vienen impulsando una vigorosa fase alcista en los mercados de commodities. Las cotizaciones de los granos siguen batiendo récords como no se observaba desde el año 2012.

Sin embargo, una vez más, la contracara de esta buena noticia –que trae alivio al frente externo y contribuye a anclar expectativas en el mercado cambiario– es la fuerte presión sobre los precios internos de los alimentos. Tal circunstancia no solo agrava la delicada situación social heredada y profundizada por la pandemia, sino que también pone en cuestión el objetivo oficial de recomposición de los salarios reales, base imprescindible para dinamizar el consumo interno. La situación no es sencilla. Todo indica que estas tendencias se mantendrán, y el terreno político no parece ser el más fértil (aún dentro de las filas del oficialismo) para que la conducción económica pueda impulsar un aumento en las retenciones, que sería el mecanismo más eficiente para hacer frente a este shock externo. Hasta el momento, las medidas sustitutas –acuerdos, registros de exportación, entre otros– no han dado muchos resultados.

El protagonismo que asume el acuerdo político hacia el interior de la coalición gobernante a la hora de abordar temas importantes de la agenda económica se reproduce claramente en el caso de los acuerdos con el Club de París y el FMI. En este frente también las condiciones internacionales se muestran más amigables que en el pasado. Quizás ayuda un cierto reconocimiento implícito por parte del FMI acerca de los vicios que atravesó el acuerdo firmado con la Argentina en 2018. En igual sentido incide la evidencia de las serias dificultades que atraviesan los países endeudados para hacer frente a las políticas anticíclicas en el marco de la pandemia. El cambio de gobierno en los Estados Unidos puede, asimismo, sumar. Lo cierto es que se verifica un marco más flexible para las negociaciones en curso. La reciente gira del Presidente de la Nación por Europa contribuyó a afianzar ese proceso.

Los tiempos para avanzar en el tratamiento legislativo de un acuerdo de reestructuración con el FMI parecen estar esencialmente subordinados a que se logre conciliar posiciones dentro del propio Gobierno. Estamos ingresando en una etapa pre electoral, donde las señales de certeza en torno a estas negociaciones sensibles son fundamentales para garantizar una mejor administración de las principales variables macroeconómicas. Como siempre hemos planteado desde FIDE, las condiciones de fragilidad de la economía argentina se engendran fundamentalmente en el frente externo. En tal sentido, encarar el exigente cronograma de vencimientos de corto plazo es una prioridad a la hora de despejar el horizonte de tensiones.

Como se advierte, transitar el estrecho desfiladero impuesto por viejos problemas estructurales agudizados en el gobierno anterior y las nuevas dificultades generadas por la pandemia, tornan imprescindible que los grandes consensos sociales y económicos comiencen germinando dentro del mismo seno del Gobierno.


Revista Fide, Coyuntura y Desarrollo nº 399, 13 de mayo de 2021.

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