Revista FIDE n°416
¿Volver a los ‘90? la sociedad y el nuevo experimento neoliberal puestos a prueba
Todos los indicadores de la economía real exhiben un grado de retroceso solo comparable con las crisis económicas y sociales más profundas registradas en la Argentina. El impacto regresivo y recesivo producido por las decisiones de política del flamante Gobierno durante sus primeros cien días de gestión no ha sido acompañado, sin embargo, por una erosión significativa en el apoyo político de sus electores. Esperanza, resistencia a una nueva frustración, clima de época, grietas consolidadas son, entre otras, explicaciones posibles frente a la curiosa dicotomía que se advierte entre el generalizado deterioro socioeconómico y el sostenimiento de una relativa aprobación popular del nuevo Gobierno.
La apuesta del oficialismo y del establishment económico es que la desaceleración progresiva de la inflación alcance para neutralizar las consecuencias regresivas del nuevo experimento neoliberal. La estabilidad como valor prioritario, aunque sea hija del desempleo, la pérdida de capacidades productivas y tecnológicas y el aumento en la desigualdad. Desigualdad y pobreza a cambio de un presunto equilibrio. La gobernabilidad social y política del ajuste, reclamada también por el FMI, es condición necesaria para legitimar la agenda de reformas que busca desmantelar la institucionalidad que, aún con todas sus falencias, se construyó para consagrar derechos, regular mercados e impulsar un desarrollo federal inclusivo.
A pesar de la falta de erosión en el apoyo, hasta el momento el Gobierno ha sufrido varios traspiés en su intento por formalizar su proyecto refundacional. El rechazo parcial del mega DNU en el Senado de la Nación, el retiro de la ambiciosa ley ómnibus o el cuestionamiento judicial a aspectos claves de la propuesta oficial —como la reforma laboral o la desregulación del uso de la tierra— son ejemplos que han puesto al descubierto la fragilidad del andamiaje político del oficialismo. Se abre el interrogante acerca de cómo evolucionará esa relación de fuerzas y de cuál es el nivel de anticuerpos que exhibe la sociedad, en sus diversas representaciones sociales, sectoriales y políticas, frente al intento de relegitimar las fallidas recetas del libre mercado.
El otro límite a la consolidación del proyecto gubernamental lo pone la economía. Es decir, las condiciones objetivas de posibilidad para que logre estabilizar la macroeconomía, con independencia de sus efectos recesivos. En este frente las dudas encuentran asidero en las múltiples señales de fragilidad que continúa exhibiendo el sector externo, la dimensión más sensible de la economía argentina. La acumulación de reservas lograda en estos meses es fruto de la plena vigencia de las denostadas restricciones a la demanda de dólares. Aunque la recesión haga su parte demoliendo las importaciones, no aparecen a la vista fuentes de dólares suficientes, no ya para viabilizar las aspiraciones dolarizadoras, sino tampoco para garantizar el ingreso en una fase de estabilidad sin sobresaltos.
Al igual que ocurrió en anteriores oleadas neoliberales, los factores de poder están hoy muy alineados en su vocación por facilitarle la gestión al nuevo Gobierno. Sin embargo, y más allá de las ganancias financieras de corto plazo, la “lluvia de inversiones” en moneda dura necesaria para garantizar un repunte de la inversión y/o un influjo capaz de reeditar un ciclo de valorización financiera no parecen estar garantizados, dadas las condiciones internas e internacionales. El mundo, mientras tanto, avanza en otra dirección tratando de acceder al manejo de las tecnologías de punta, generar empleo y proteger sus mercados.
