Revista FIDE n°418

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Mercados inquietos, ¿el rey está desnudo?

 

A diferencia de lo ocurrido a lo largo de los recurrentes experimentos neoliberales que predominaron durante los últimos cuarenta años de la vida democrática argentina, donde la crisis social y económica constituyó el desenlace de la maduración de esos modelos, Javier Milei optó por provocar la recesión y la redistribución regresiva del ingreso como punto de arranque de su gestión. La narrativa oficial sostiene que el sufrimiento social y productivo generado es el sacrificio necesario para ingresar a la tierra prometida. Pero ese horizonte promisorio viene siendo esquivo y el blindaje del que gozó el Gobierno en sus primeros meses empieza a mostrar fisuras.

 

Los logros del oficialismo en la esfera política –vigencia del DNU 70, sanción de la Ley Bases y firma del Pacto de Mayo por una amplia mayoría de los gobernadores– no han logrado despejar las dudas del “mercado” acerca de la capacidad de la política económica para alcanzar equilibrios macroeconómicos duraderos y, menos aún, para garantizar la vuelta del crecimiento. La fragilidad del frente externo constituye el terreno fértil para la reaparición de las presiones cambiarias que cuestionan la pauta devaluatoria, ancla esencial de la política antiinflacionaria en curso.

 

Si bien es previsible que el Gobierno busque avanzar más rápidamente en el proceso de desregulación de mercados y reforma del Estado habilitadas por la Ley Bases, no es evidente que ello redunde en la rápida afluencia de fondos externos que ayuden a relajar la restricción externa. El régimen de incentivos a las inversiones recientemente sancionado probablemente dé impulso a proyectos que ya estaban en gateras, pero en el marco de las nuevas condiciones ofrecidas, cabe esperar que, entre otros impactos, se genere una sustitución de trabajo nacional por importado, circunstancia que acrecienta las dudas acerca del balance final de dólares que generarán esas inversiones.

 

La apuesta por el regreso a los mercados internacionales de crédito también debió ser postergada en el marco de la fuerte incertidumbre que genera una economía altamente endeudada y que enfrenta, solo el año próximo, vencimientos en torno a los 15.000 millones de dólares. En este escenario, el FMI ha manifestado una vez más su renuencia a actuar como prestamista de última instancia. 

 

Las dudas que se fortalecen día a día acerca de los espacios de los que dispone el Gobierno para salir del laberinto que impone su política económica, se transforman en certezas cuando se evidencian las consecuencias económicas y sociales del modelo Milei. La concomitancia del aumento de la pobreza y la ampliación de la desigualdad es un resultado alarmante de las políticas del oficialismo y todo indica que hacia adelante se profundizará.

 

En este escenario tan complejo, Ricardo Forster nos ayuda a repensar los desafíos de la política para “salir de la perplejidad que nos produce el Gobierno e intentar descifrar el significado de ese sonido profundo que viene de nuestro pueblo y construir una esperanza”.

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