Revista FIDE n°420
Los límites del “efecto Trump”
La llegada de Donald Trump nuevamente al gobierno de los Estados Unidos sumó un espaldarazo importante al optimismo del mercado acerca de la sostenibilidad del ciclo de valorización financiera que protagoniza la economía argentina. A diferencia de las largas fases de timba financiera vividas bajo otros ensayos neoliberales, siendo la del 2016-2018 la más reciente, el actual proceso de carry trade estimulado por el Gobierno se nutre fundamentalmente de los argendólares apalancados en el reciente blanqueo de capitales. De aquel tiempo macrista se acarrea el hiperendeudamiento que hoy reduce severamente los grados de libertad para que el Gobierno avance en una nueva oleada de endeudamiento. Tampoco dispone de valiosas “joyas de la abuela” para enajenar como en los ‘90 y la inversión de riesgo sigue sin aparecer.
La vocación del Gobierno parece orientarse en mantener esa artificial pax cambiaria (sostenida en la apreciación de la moneda, la intervención directa e indirecta en la brecha cambiaria y en los controles cambiarios) hasta las elecciones de 2025. Aun cuando esta estrategia profundice los problemas estructurales de la economía real y del frente externo, hoy parece haber mayores chances para alcanzar la otra orilla. Sostener la expectativa de que antes de las elecciones no habrá corrección cambiaria es fundamental. Allí pivotean las señales del nuevo gobierno estadounidense sobre la disponibilidad de alguna ayuda. Permitiría consolidar esa expectativa.
Pero si se eleva la mirada y se intenta identificar el horizonte de más largo plazo, se advierte que las eventuales ayudas financieras que pueda promover Estados Unidos difícilmente alcancen para neutralizar los impactos negativos sobre las economías emergentes que previsiblemente generaran las políticas de Trump en materia comercial y económica. Como plantea Martin Schapiro en la columna que se presenta en esta edición, el aumento prometido en los aranceles y la nueva embestida comercial contra China anticipan tensiones inflacionarias, con sus implicancias en el manejo de la tasa de interés por parte de la Reserva Federal. Supone además el peligro de potenciar una guerra de medidas comerciales que perturbe el crecimiento global y genere presiones devaluatorias que inevitablemente también afectarán los mercados de commodities.
En ese mundo, que se proyecta todavía más incierto que el actual, donde probablemente el proceso de desglobalización se acentúe y la volatilidad de los precios de las materias primas sea mayor, el gobierno argentino apuesta unilateralmente a profundizar la inserción primaria de nuestra economía, a la apertura comercial y a debilitar nuestra alianza estratégica con nuestro principal socio, Brasil.
Los cinco factores enumerados por Jorge Taiana en la entrevista de la sección diálogos en este número de la revista dan cuenta de la complejidad de esta nueva etapa. Procesos de innovación tecnológica que se aceleran, un mundo multipolar con tensiones crecientes, los efectos del cambio climático (regulaciones y migraciones asociadas), la cuestión demográfica de las naciones maduras (y, nuevamente, las migraciones) y, por último, el malestar con la democracia. No parece ser un mundo demasiado funcional a la sostenibilidad económica, social y política del proyecto de Milei.
