La cuestión de la financierización en México

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rupturas y continuidades en la post-pandemia

En la segunda posguerra, años cincuenta y sesenta, inicia la gestación de una nueva etapa de alteración en la estructura económica, social y cultural en el mundo,

siendo una expresión las corporaciones empresariales modernas integradas vertical u horizontalmente con planeación de largo plazo, aplicación de innovación organizacional administrativa y técnica con producción en cadena, taylorismo y fordismo, que iniciaron una ola de expansión multinacional de forma estratégica priorizando territorios con quienes mantenían vínculos comerciales y políticos, donde cada vez absorbieron mayor cantidad de fuerza de trabajo al elevar la inversión extranjera directa (IED).

“Bajo el fordismo surgió una clase trabajadora relativamente próspera y segura [socialmente]. Estos hogares, a los que se unió el creciente número de trabajadores del Gobierno y propietarios de negocios, hicieron posible un consumismo masivo en las naciones de ingresos altos. Esta revolución del consumidor estuvo acompañada por un cambio en los medios de comunicación que transformó las aspiraciones culturales en todos los rincones del mundo: induciendo a todos aquéllos que tienen los recursos para elegir qué consumir, a la adquisición de productos que se entienden globalmente como símbolos de estatus social, de inclusión” (Dymski, Pág. 447). Así, la mayor automatización de las TICs impulsó la demanda tecnológica digital en reemplazo de dispositivos analógicos, permitiendo una interacción más directa humano-tecnología.

Si bien en los años setenta las filiales del capital transnacional respondían a los objetivos fijados por la estructura corporativa de la empresa matriz, reinvertían ganancias, participaban en nuevos mercados y dividían con rigurosidad las tareas laborales para incrementar la productividad, las presiones inflacionarias aumentaban mermando su rentabilidad financiera, mientras los trabajadores con sus sindicatos y cierto apoyo del aparato burocrático del Estado lograban mejoras en salarios reales y prestaciones.

En tanto, la región latinoamericana, incluido México1, desde la etapa de entreguerras hasta inicios de los años setenta impulsó un modelo de industrialización por sustitución de importaciones (ISI), favoreciendo al sector agrícola productor de materias primas y la creación de empresas manufactureras de propiedad nacional con el propósito de involucrarse en una dinámica de desarrollo económico, social y educativo con importante participación del Estado. Esta política económica con subsidios, proteccionismo, empresas estatales, tipo de cambio fijo (controles cambiarios), y garante de seguridad social cristalizó en altos niveles de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB), del orden del 6,5% promedio anual. gracias a mantener al sector financiero como un canal transmisor de crédito a la producción, contar con los instrumentos y herramientas monetarias del Banco Central para sostener el déficit fiscal, con un marco institucional regulador de la movilidad del capital y de su poder frente a los trabajadores, pero fue abandonada por completo a la presión ejercida por los organismos supranacionales para renegociar los altos montos de deuda extranjera, situación desencadenadora de una gran crisis de deuda.


Revista Fide, Coyuntura y Desarrollo nº 400, 28 de julio de 2021.

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