La relación de fuerzas imprescindible para el desarrollo

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Recuperar identidad política y cohesión programática constituye uno de los grandes desafíos que enfrenta la coalición gobernante de cara al futuro. Se trata de un imperativo que trasciende ampliamente el objetivo de mejorar la performance electoral del oficialismo en los comicios de medio término.

Más allá del resultado de noviembre, se hace difícil pensar que nuestro país pueda encarrilarse en un proceso sostenible de desarrollo económico y social si no existe un proyecto político capaz de construir la relación de fuerzas necesaria para tornarlo viable.

Es estrecho el desfiladero a transitar para ir resolviendo los problemas económicos y sociales acumulados. Una vez más, la restricción externa constituye el condicionante central, ya que a los problemas estructurales del subdesarrollo de nuestra estructura productiva –inserción internacional muy primarizada, elevada elasticidad de las importaciones en relación al crecimiento del PIB y déficits en el abastecimiento energético, entre otros aspectos– se les suma ahora el peso de un endeudamiento impagable contraído con el FMI por la gestión anterior. Nos guste o no, el neoliberalismo nos volvió a meter en una oleada de endeudamiento sin contrapartida, retrotrayendo nuestra historia hacia una página que hasta hace apenas unos años pensábamos que habíamos dado vuelta para siempre. La magnitud de esa deuda y las condiciones internacionales vigentes determinan que, para despejar un escenario macroeconómico muy tensionado por la insuficiencia de dólares, en los próximos meses Argentina debería cerrar un acuerdo de reestructuración de esa deuda.

Lograr un acuerdo que no incluya las condicionalidades tradicionales de los programas del FMI que han truncado siempre las posibilidades del crecimiento y la mejora en las condiciones sociales, constituye una condición de borde para sellar el consenso necesario dentro de la coalición gobernante. Preservar los espacios de política para regular los flujos financieros de residentes y no residentes es otro requisito imprescindible para garantizar la soberanía del BCRA sobre la política monetaria y cambiaria, y mantener cerrados los canales de dolarización y fuga del excedente generado internamente.

Recordemos que la insuficiencia en el proceso de acumulación de capital durante las últimas décadas estuvo atravesada por la dolarización de las ganancias de las grandes empresas como mecanismo de valorización financiera. Generar las condiciones para intensificar el proceso de formación de capital privado, tanto nacional como extranjero, en sectores estratégicos, como el energético, la industria o la infraestructura aparece como otra de las grandes urgencias de la hora.

Mantener la centralidad del Estado nacional como orientador del proceso de acumulación y de redistribución del ingreso, de protección y fortalecimiento del mercado interno, impulsor de la generación de empleo de calidad, con derechos, es condición necesaria para viabilizar el desarrollo y la inclusión. Esa centralidad del Estado, religitimada a nivel global por la pandemia, es hoy la que está en disputa. Se impone que la dirigencia política, sindical, empresaria y de las organizaciones sociales comprometida con el desarrollo y la equidad esté a la altura de las circunstancias.

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